Catalina de Aragón, nacida en Alcalá de Henares en 1485, ha pasado a la Historia como la primera esposa del obsesivo rey Enrique VIII de Inglaterra, que decapitaba a sus mujeres por no poder tener descendencia con ellas. Si bien Catalina tuvo la suerte de no morir decapitada o en el parto, fue desterrada al no poder engendrar con el rey inglés un hijo varón que heredaría el trono.

Hija de los Reyes Católicos, su vasta cultura sorprendió a intelectuales de la talla de Erasmo de Rotterdam, así como a los ingleses, que veían en ella a una gran reina que no dudaba en influir en las tareas de gobierno.

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Sin embargo, la obsesión de Enrique VIII hizo que fuera recluida en un castillo, sustituyendo a la reina de origen madrileño por la famosa Ana Bolena, que sería la primera reina consorte en sufrir la sanguinaria locura en la que derivó la obesión del soberano inglés por tener un hijo varón.

"Tenía el corazón negro": la misteriosa enfermedad de Catalina de Aragón

Catalina se encontraba recluida en el castillo de Kimbolton. En 1535, su salud empeoró y escribió una carta a su sobrino, Carlos I de España y V de Alemania, para rogarle que protegiera a la única hija que había tenido como reina de Inglaterra, María Tudor. Cuando falleció, corrió el rumor de que había sido envenenada a cargo de Enrique VIII o de Ana Bolena. [VIDEO]

Estos rumores surgieron cuando el embalsamador encargado de preparar el cadáver encontró una gran mancha negra en el corazón. El propio embalsamador llegó a asegurar que "encontró todos los órganos internos sanos y normales, con excepción del corazón, siendo muy negro y espantoso a la vista". Aunque partió el corazón de la reina fallecida en dos e intentó lavarlo por dentro, este seguía negro.

¿Se trataba de un cáncer?

Las descripciones que aportó el embalsamador, al ser analizadas por expertos, concluyen que pudo ser un tipo de tumor cancerígeno. Por tanto, descartan que Catalina de Aragón muriera víctima de una intoxicación premeditada, sino de un cáncer que en aquella época no era conocido.

El deseo de Enrique VIII de que Catalina desapareciera del mapa, alimentó el rumor de que su muerte se debía a un plan para acabar con ella. De hecho, la propia reina se negaba a ingerir alimentos que no hubieran sido elaborados en sus aposentos, pues quería evitar ser víctima de una conspiración. Fuera lo que fuese la extraña enfermedad que la mató, se cuenta que al enterarse de la noticia de su fallecimiento, el rey inglés se vistió todo de amarillo y organizó un baile en Greenwich. Aun así, su hija María Tudor, años más tarde se casaría con el hijo del emperador Carlos V, el que sería el heredero de su vasto Imperio donde nunca se ponía el sol: Felipe II. [VIDEO]