Sabemos ya cuántas son las propiedades y los beneficios del aguacate para nuestro organismo, pero no es oro todo lo que reluce. Si hasta el momento el aguacate era considerado un producto exótico y por tanto poco frecuente en las fruterías locales a pesar de tener un cultivo idóneo en climas mediterráneos, algún motivo habría.

Detrás de este alimento tan de moda por sus "grasas buenas", el mercado europeo/occidental también se ha apropiado de sus cualidades y ha hecho de él una mercancía-grasa más, producto de una terrible explotación humana y medioambiental, para que lo podamos encontrar en nuestra cocina todos los meses del año a pesar de ser una planta que requiere gran cantidad de agua (como bien su nombre indica) y calor para su correcto crecimiento. Es decir, un clima tropical y mucho espacio para cada árbol.

El mercado europeo demanda una media de entre 5.000 y 5.500 toneladas semanales.

España es el principal productor del continente, aunque el grueso de la producción mundial se concentra en el hemisferio sur. Y es que este sistema económico cada vez tiene menos sentido: mientras que los aguacates producidos en la meseta llenan los mercados de Francia, la oferta que encontramos en nuestros comercios convencionales viene importada de América Latina o de África.

Hay quien pensará que los precios suben como consecuencia de este derroche de petróleo y por toda la mano de obra precaria que supone el coste real de producción de este preciado manjar; pero el precio sube sólo porque ha subido la demanda.

Este fruto, antes inadvertido por el voraz consumo occidental, al ponerse de moda se ha corrompido también. La tala de bosques indiscriminada para su monocultivo, la mano de obra barata, los carteles y la mafia que se beneficia de la situación, la aplicación de productos químicos que alteran sus propiedades y nos hacen llegar frutas gigantes cargadas de pesticidas, el petróleo que se usa en su transporte vía marítima, aérea y terrestre, el impacto sobre las especies animales al ser despojadas de hábitat, y la inabarcable necesidad de agua que requiere su monocultivo son sólo algunos de los motivos por los que parase a pensar un par de veces qué estamos comprando antes de incorporarlo a nuestra dieta habitual.

Un uso consciente

Ya que nos beneficiamos de una fruta tan rica y beneficiosa por un lado, pero costosa por el otro, vamos a aprovechar hasta el último resto de su materia orgánica.

Con la carne podemos hacer infinidad de recetas, pues combina bien con cualquier alimento y sabor; además de productos de higiene personal como cremas o mascarillas. Con el corazón, además de artesanía (tallar con gubias en sus diferentes momentos de secado, trabajando con un material sumamente maleable los primeros días y con otro cercano a la madera una vez comienza a secarse), podemos aderezar ensaladas, hacer tinturas y aceites esenciales o productos cosméticos naturales: cremas, mascarillas para el pelo, champú, perfume, gel exfoliante...

En esta ocasión hablaremos de este último uso por su sencilla elaboración y por su triple función: además de reutilizar todo el aguacate, eliminaremos toxicidad: una económico-medioambiental al evitar comprar productos químicos contaminantes, y otra sanitaria al eliminar toda la suciedad de la contaminación que queda impregnada en nuestra piel, que adquiere la suavidad de un melocotón maduro.

Lo único que tendremos que hacer es trocear y moler el hueso fresco del aguacate hasta conseguir un polvo granulado.

Una vez la base dispuesta, podemos mezclar con aceites esenciales o de oliva y con aromáticas a gusto. Una buena combinación es aceite de oliva, jabón natural de oliva negra o aloe vera y cúrcuma (aunque cuidado con ésta última en verano que puede producir manchas en la piel). Las posibilidades se alargan hasta donde llegue vuestra imaginación, y de este modo exfoliaremos la piel y los consumos desmesurados de productos contaminantes.

¡Buen día!

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