Una de las consecuencias que ha traído de la mano la crisis económica es que, donde antes habían ofertas de trabajo, debidamente anunciadas, publicadas y de acceso a cualquier persona que cumpliese con los requisitos exigidos, durante esta 'eterna' etapa de recesión los pocos puestos que se han ido liberando, en muchos casos, se han ido ocupando a base de 'enchufismo'.

Un ejemplo de estas prácticas, tal y como ha revelado el portal cotilleo.es y del que se han hecho eco otros medios de comunicación como Libertad Digital, sería el programa decano de corazón de la televisión española '#Sálvame' donde la meritorcracia habría dejado paso, como en tantos otros nichos del mercado laboral, a las relaciones de proximidad.

Anuncios
Anuncios

Algo que muchos pensarán, puede desmontarse diciendo que, a menudo, las personas más cercanas a gente que ya ocupa un puesto de trabajo en una empresa, son también las mejor valoradas y con más preparación para hacer el trabajo que ha quedado vacante. De la misma manera, hay quien pensará que este argumento se desmonta cuando no se trata de un caso único, sino de varios.

Y es que, haciéndonos nosotros también eco de estas informaciones publicadas en los medios anteriormente citados, en Sálvame, la presencia de al menos dos de sus caras más visibles. Habrían seguido este sistema que vulgarmente se conoce como de 'enchufe'. Ellos serían Cristina Soria y Manuel Zamorano.

En el caso de la primera, cabe recordar que esta, a pesar de que pudiera parecer una anónima, es la mujer de uno de los directores de la productora 'La fábrica de la tele', Alberto Díaz Cabezón.

Anuncios

En el caso del segundo, este sería la pareja formal desde hace ya unos cuantos años del director del programa Raúl Prieto.

Dos casos que, como estas mismas publicaciones remarcan, no serían casos aislados, recordando que Paz Padilla ya confirmó en su momento que Kiko Hernández había ayudado a su hermana a encontrar trabajo, por no decir nada de Terelu Campos, apodada por Víctor Sandoval como 'La cláusula' por la vinculación eterna con la casa en la que trabaja su madre. Puede, eso sí, que todo sea casualidad.