Debido a la pandemia de Covid-19 y en el contexto de la desescalada, en España se ha establecido el uso obligatorio de mascarillas en espacios públicos a partir de los seis años de edad cuando no se pueda garantizar la separación personal de dos metros. Inclusive, no usarla tendrá una sanción de hasta 100 euros de multa, según reza el borrador del decreto que aprobará en breve el Consejo de Ministros.

La Organización Mundial de la Salud ha cambiado su protocolo. Hasta la guía del pasado 6 de abril, el organismo recomendaba las mascarillas sólo para las personas con síntomas y por supuesto, el personal de salud.

Y el cambio es muy positivo para el medio ambiente, ya que la recomendación es la del uso de mascarillas o tapabocas de tela para los ciudadanos en general.

La OMS recomienda tapabocas de tela lavables para la ciudadanía

El uso generalizado de mascarillas descartables está provocando un serio problema de basura: una vez utilizadas, mucha gente no sabe qué hacer con ellas. Hay quienes las descartan en el bote de los papeles o los plásticos para ser recicladas, y esto es un grave error, ya que pone en peligro a los trabajadores de los centros de reciclado en las secciones de separación. La doctora en Biología Celia Ojeda, de Greenpeace, explica que se deben poner en una bolsa cerrada en el contenedor de restos o grises.

Pero muchas de ellas una vez utilizadas están siendo arrojadas por ciudadanos desconsiderados.

Se las está viendo en parques, plazas, a la vera de los caminos y en las costas. Esto está creando un nuevo y muy serio problema ambiental de contaminación por mascarillas, un producto artificial que tarda décadas en desaparecer.

El efecto colateral: la contaminación por mascarillas

En su lugar, las mascarillas de tela, realizadas en algodón, seda o poliéster, cumplen a la perfección la función de evitar el esparcimiento de gotitas contaminadas de Coronavirus en aquellas personas que son asintomáticas: la idea es que usar una mascarilla o tapabocas proteja a quienes nos rodean.

Y además, tienen la ventaja de que pueden ser lavadas a mano o en la lavadora y se esterilizan a 60 grados. Y no generan basura.

La basura es un desafortunado efecto secundario del uso generalizado de las obligatorias mascarillas. Muchos países están imponiendo multas por arrojar mascarillas a la vía pública. En Italia, rondan los 500 euros. En Francia, donde se han multiplicado las imágenes de mascarillas y guantes tirados en el suelo, han propuesto multas de 300 euros. En España es mucho más caro deshacerse incorrectamente de la mascarilla: dependiendo del municipio, se están cobrando astronómicas multas que rondan las sumas de entre los 2.500 y 3.000 euros a quienes las arrojen en sitios públicos.

Las mascarillas suponen millones de toneladas diarias de basura en el mundo

Los números son alarmantes. Si los 47 millones de españoles usan mascarillas descartables, sumados a los trabajadores de primera línea que consumen, además de máscaras, guantes, batas, trajes, hisopos, contenedores, etc., hablamos de una pila de desechos de millones de toneladas que no dejará de aumentar. Cada mascarilla, depende de su tipo, pesa entre tres y diez gramos, y una cuenta muy simple promedio nos lleva a un número de 305 toneladas de basura contaminante diaria adicional. Entonces, la recomendación de la OMS de utilizar las mascarillas de tela reutilizables está en línea, además del aspecto médico, con el aspecto ecológico.

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