Sergio Ramírez es un novelista con los pies en el suelo. De hecho, definió, en su discurso de esta mañana, su tarea como la de un escritor entre cuatro paredes, pero con las ventanas abiertas a la realidad. Una conjunción de vivencias y sentir interiores, para nada desconectados de una sociedad y un tiempo difíciles.

Hoy, Día del Libro, recibió de manos del Rey Felipe VI el Premio Cervantes, en la Universidad de Alcalá de Henares.

Un escritor que reconoce sus raíces internacionales

No ha faltado, en su recepción del Premio Cervantes, una mirada a la infancia y a los orígenes de su escritura.

Así, admitió comenzar con 16 años a relatar. Y reveló sus raíces, fruto del fértil mestizaje entre Miguel de Cervantes y Rubén Darío.

Del primero, hizo referencia a la llegada a Portobelo, en 1605, de la magnífica y fundante novela, El Quijote. Del segundo, la recepción de sus poemas, en 1888, por parte de la sociedad madrileña. No son las únicas influencias, pero sí las dos lumbreras que le fueron animando y modelando. Estas dos referencias históricas y literarias vienen de la mano de la labor formativa de su madre, profesora de literatura.

Específicamente, señaló la importancia de que fuese ella quien depositó El Quijote en sus manos.

Cervantes y Darío quedan, así, como dos personas que hacen posible la fusión de culturas, el mutuo enriquecimiento entre los territorios hispanos.

Del pasado literario al presente social

Pero el escritor, el novelista, no puede quedarse en el pasado, ni en su burbuja de autocomplacencia, sino que debe conocer y vivir el presente.

Por eso, el galardonado, nada más comenzar su discurso, dirigió la mirada a su patria y dedicó el premio a todos los defensores de la libertad, frente a la tiranía del gobierno.

Recordó a los caídos, recientemente, en las manifestaciones contra el gobierno nicaragüense de Daniel Ortega, al que Ramírez conoció y ayudó, en su día.

El novelista pasó por etapas en la política, hasta el abandono de la misma por la escritura.

Tomó la decisión por la deriva tiránica del gobierno, del que formaba parte. Pero este alejamiento del servicio desde el poder no le ha llevado a la intromisión y las novelas autorreferenciales, sino a un nuevo acto de lectura de la realidad y combate literario.

Tampoco olvida a los protagonistas de los cambios sociales. En una entrevista, anterior a la entrega del Cervantes hoy, afirmó que hacía una referencia bien clara al actual presidente de Nicaragua en su novela ‘Adiós muchachos’. El mismo Ramírez, tras su publicación, habló con Ortega, diciéndole que le había tratado con cariño en la novela.

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