Henri de Toulouse Lautrec fue ante todo un artista moderno y aunque murió sin conocer los avances de la ciencia que cambiaron para siempre la historia de nuestras vidas, creyó en ella. No estaba solo, la fe en los descubrimientos que el hombre podía realizar a partir del conocimiento y los avances de la tecnología era algo que englobaba a la mayoría de artistas de la época.

Toulouse-Lautrec murió unos meses antes de cumplir los 37 años. Los últimos meses de su vida no fueron fáciles, ni mucho menos felices.

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Se sabe que bebía en exceso y eso provocaba o agudizaba episodios de alucinaciones que terminaban, muchas de ellas, con internaciones hospitalarias.

La relación que mantuvo con la noche parisina de finales de siglo XIX fue un romance del que nacieron las obras más emblemáticas del pintor.

Los bajos fondos no solo le brindaron un panorama excepcional, sino que le aportaron figuras tan inspiradoras como algunos de sus retratos demuestran.

Fue un hombre de su época, con todo lo que ello significa. Según datos históricos, durante 1870 vivían en París unos 6000 artistas. Toulouse-Lautrec trabajó el grabado, la litografía, el carboncillo y el óleo, dejó en sus cuadros el documento fiel de una sociedad que desconocía el dolor que traería la Primera Guerra Mundial.