Tras triunfar por toda España con sus románticas canciones, el cantante Pablo Alborán decidió poner rumbo a las américas, donde deleitó a todos ellos. Desde entonces, la carrera del muchacho ha sido imparable y no ha parado de cosecha a éxitos a cada momento en cada uno de sus conciertos y apariciones en público. Lo que más les gusta a los seguidores es la sinceridad del español, de la que hace gala cada vez que tiene la más mínima ocasión, y en esta ocasión ha querido aprovechar para mostrar a sus fans qué es lo que más odia.

Ha sido "Faro de Vigo" quien nos ha querido dar la primicia, asegurando que el cantante considera que no hay nada más malo que la envidia y la falta de respeto, algo que siempre aleja de su vida porque no puede traer nada bueno.

El malagueño, de 25 años de edad, ya ha dado comienzo a su gira nacional, "Terral", el pasado 15 de mayo para presentar el que ya es su tercer disco de estudio, el cual lleva el mismo título. Ante la pregunta de qué es en lo primero que piensa nada más desayunar, muy tajante se mostró al confesar que era en "comer".

Si tuviera que elegir qué tres cosas se llevaría a una isla desierta, no se lo pensaría ni dos veces y elegiría a sus amigos, su familia y una guitarra, a la cual dedica menos tiempo del que realmente le gustaría ya que suele llegar a casa demasiado cansado como para ponerse a tocar. Cuando más ensaya es en época de gira. A día de hoy, le encanta escuchar a cantantes de la talla de Bruno Mars, Antonio Vega, Bob Dylan, Dorantes, Juan Luis Guerra y otros tantos y diversos intérpretes.

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Su plato favorito es el cuscús, y no hay nada que le gustase más que poder ser recordado el día de mañana por sus canciones. Cuando tiene tiempo libre le encanta practicar deporte y comer. Lo que menos aguanta en el mundo es la envidia y la falta de respeto. Cuando le preguntan a qué se habría dedicado si no hubiera sido músico, tiene claro que habría probado con la pintura, la arquitectura o la fotografía. Un Pablo Alborán tan sincero como siempre que tiene ese poder para deleitarnos con cada cosa que dice.