Una serie de expertos en fisiología han demostrado que el estrés que no se procesa acaba convirtiéndose en lo que se conoce como “memoria traumática y queda dormida en el sistema nervioso, pero cualquier tipo de percance puede desembocar en que esta memoria se despierte y que aquello que quedó almacenado vuelva a aparecer. Para comprendernos a nosotros mismos, hay que entender qué pasa tanto dentro de nuestro cuerpo como dentro de nuestro cerebro.

Entender el estrés

Los expertos recomiendan que los individuos aprendan el por qué de que nuestro cuerpo reaccione de la manera en que lo hace, seamos conscientes de estas reacciones y nos apoderamos de ellas. Así, el individuo deja de ser temeroso, deja de sentirse aislado y deja de situarse en el papel de víctima.

Si el individuo entiende lo que sucede en su cuerpo y aprende la razón de sus respuestas de autoprotección, va a poder ser capaz de liberar sus sentimientos, tanto de culpa como de vergüenza.

Cuando el individuo es capaz de comprender todo el proceso fisiológico que está poniéndose en marcha en un intento de mantenerlo a salvo, desde la memoria antigua del trauma, va a poder reemplazar toda esa información con juicios internos cargados de amabilidad.

Solo en ese momento el amor propio va a ser posible. Quizás no nos sirva en el presente, pero en el pasado nos fue útil. Y debemos recordar que gracias a este tipo de respuestas el ser humano ha logrado sobrevivir y no extinguirse.

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El trabajo del individuo moderno es volver a entrenar su propio cuerpo

Este tipo de reentrenamientos se puede realizar a través de una serie de prácticas como puede ser la meditación profunda hasta tocar las sensaciones internas del ser humano, la respiración realizada de forma profunda, la tonificación de la voz, la danza y el movimiento realizado de manera espontánea, practicar yoga, escuchar música tranquila, pasar tiempo rodeado de naturaleza, escalar, nadar o salir a correr.

Está demostrado que practicar yoga o pasar tiempo alejado de las ciudades, en la naturaleza, hace que seamos capaces de liberar el trauma que hayamos almacenado. También darse un abrazo con una persona querida hace que nuestro cuerpo segregue oxitocina, una hormona de tipo natural que es producida por la glándula pituitaria que va a promover los lazos y la conexión de afectividad.

Este tipo de prácticas no solo benefician nuestro estado de ánimo, también hacen que los individuos que las practican vean las cosas diferentes.

Por ejemplo, cuando empiecen a notar que se están estresando, sabrán que el problema no está en la cabeza. Y serán capaces de sanar heridas del pasado. Igualmente, si aceptamos y conocemos el verdadero poder que tiene el trauma en nuestras vidas y el mecanismo por el que podremos sanarnos, se logra una vida mucho más alegre y llena de vitalidad.

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