¿No puedes dejar de pensar en ese dulce que está en la nevera? ¿Lees en el menú los postres antes de ordenar la cena? ¿Te desvías de tu ruta para ir comprar tu dulce preferido? Si te sientes identificado con alguna de estas situaciones, podrías estar padeciendo de adición al Azúcar.

El azúcar, enemigo silencioso para muchos, ha sido identificado como el causante de muchas enfermedades como obesidad, diabetes y caries dentales, según los informes emitidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Según las recomendaciones de la OMS, un adulto promedio debería consumir solo unos 50 g de azúcar diarios, ya sea en su forma natural (presente en frutas y alimentos no procesados) o bien sea en su forma refinada. Pero en realidad, esta media asciende a unos 115 g por adulto, lo cual resulta alarmante, pues sigue en aumento.

Quiero, pero no puedo

Aún sabiendo la teoría (repetida por muchos), en la práctica todo resulta más cuesta arriba. El cuerpo comienza reaccionar en modo diverso ante el consumo de azúcar y su ingesta se hace cada vez más necesaria para mantener la motivación del día a día. En este momento se inicia un ciclo de dependencia o adicción.

Ya no es algo de “complacer un antojo”, se refiere a un efecto bioquímico que afecta el cuerpo y que lo lleva a desarrollar patrones alimenticios excesivos. Placer y gratificación son solo parte de los engaños que genera en el cuerpo la adición al azúcar. No por nada, muchos científicos aseveran que el azúcar es aún más adictivo que drogas de gran impacto en el sistema nervioso, como la cocaína.

¿Por dónde empiezo?

El principal error está en pretender desintoxicar el cuerpo de un día para otro. Todo lleva un proceso paulatino que, poco a poco, permitirá lograr estabilizar los niveles de dopamina (neurotransmisor del placer) generados en el cerebro por el amado/odiado azúcar. Muchos especialistas afirman que si este proceso se realiza en modo radical (sustracción del azúcar en su totalidad), la recaída puede generar una adicción aún más severa.

Lo importante es no sentir que la guerra está perdida si se presenta una pequeña recaída. Para ello, es necesario tener lo que los psicólogos llaman mindfulnees: conciencia completa del momento en el que se tiene la recaída: ¿por qué pasó? ¿qué sentí? Y así lograr identificar posibles episodios en el futuro y poder afrontarlos alejados de los dulces.

Es fundamental aprender a leer entre líneas las etiquetas de los millones de productos que entran a casa. Investigadores aseguran que un alimento “ideal” no debería superar los 5 g de azúcar por cada 100 g de producto. Recuerda: contar siempre con la ayuda de un especialista en el área es fundamental para avanzar de forma segura.

El que persevera, vence

Una vez se dé inicio a este lento pero seguro proceso, el cuerpo comenzará a reaccionar positivamente y los cambios serán cada vez más palpables (tanto física como psicológicamente), los cuales serán motivadores indispensables.

No se trata de decirle “hasta nunca” al azúcar, se trata simplemente de aprender a decirle “eres bienvenido, pero sólo cuando yo lo decida”, en forma consciente y controlada.