La implantología desde hace unos años parece que sea trending topic, es decir, todo el mundo habla de los implantes aunque muchos no saben exactamente en qué consiste la técnica. Actualmente pocas son las clínicas dentales que no realizan este tipo de tratamientos, de hecho si hace falta contratan a un implantólogo para que haga las cirugías, pero en el mundo de hoy en día, quien queda atrás, desaparece.

Los implantes existen desde los mayas

Aunque se haya empezado a escuchar desde hace poco tiempo todo este tema, se puede afirmar que los implantes ya existían desde los mayas. Bien es cierto que no eran como los actuales, pero sí que realizaban la misma función, permitirnos comer y no estar sin dientes.

Aunque en esos tiempos se realizaban para poder comer, ya que sino morían, hoy en día muchos de ellos se colocan por estética, y es que vivimos en el mundo de la imagen. Linkow es considerado por muchos odontólogos como el padre de la implantología moderna.

Primer implante dental en el año 1952

Se puede afirmar que la civilización maya ya había utilizado implantes. En 1931 se encontró un fragmento de mandíbula de origen maya en la cual se podía ver tres piezas de concha colocada en los zócalos dando lugar a los dientes que le faltaban.

El profesor Amadeo Bobbio en 1970 estudió el espécimen mandibular. Señaló que alrededor de los implantes se había producido la formación de hueso compacto, por lo que observó que podían colocarse y la persona realizar una vida normal.

El primer implante dental se colocó en el 1952, de la mano de el Dr. Leonard Linkow.

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Las técnicas han cambiado

Con la evolución las técnicas han ido cambiando y han permitido convertirlo en un diente más de la boca que únicamente los expertos podrán percatarse de que no es un diente natural. Hoy en día se adaptan correctamente a la boca, y aunque existe un porcentaje de perdida, no significa que el implante esté defectuoso, sino que en la boca existen miles de bacterias y por ello es fundamental que la herida esté el menor tiempo posible abierta para que de ese modo juguemos con un menor riesgo de contaminación y por lo tanto de fracaso.

De hecho se utilizan diferentes técnicas a la hora de la colocación, con alguna de ellas no es necesario abrir la encía por completo y separarla del hueso sino que con un bisturí circular se puede hacer sólo la inserción que necesitamos para colocar el implante y de ese modo, la posible infección se reduce a gran escala.

No solo es cuestión de la cirugía que ejecutemos; el material, el grado y composición de los implantes ha ido evolucionando para conseguir uno que cumpla las funciones específicas pero que cuente con un menor riesgo.

Desde hace 4 años atrás se creó un nuevo implante, el nuevo pasó a ser de titanio 5 y en su composición y forma contaba con agentes que dificultaban la contaminación.

Además de ello permite un menor fresado por lo que el hueso sufre menos y permite una mayor sujeción. Como ventaja ofrece que el paciente no pierde hueso al cabo de los años, situación que ocurría con los anteriores.

Por lo que a pesar de que parezca algo reciente, algo nuevo de ésta época, la implantología lleva conviviendo con nosotros desde hace siglos, aunque sí que es verdad que la forma de realizarla, los materiales y el futuro de cada implante ha cambiado.