Con adeptos y detractores a partes iguales, el té y el café son claves en la gastronomía.

Tomaba muchas tazas de café al día. Sin darse cuenta, en un día normal tomaba cuatro muy buenas. Si el día había sido más intenso, más. Cada taza iba acompañada de un cigarrillo. Y así cada día durante siete años, hasta que dijo basta. "Me notaba muy acelerado, no dormía por las noches, tenía muchos nervios", dice Bernardo Deltell. Al día siguiente de la decisión, sin embargo, ya se empezó a arrepentirse: "Tuve un dolor de cabeza horroroso, como nunca, y mira que soy migrañoso". Se tomó un ibuprofeno. Por la noche, con el dolor de cabeza aumentado, llamó a un médico de confianza, un cardiólogo, y éste le dijo lo que le pasaba: "Tu cuerpo necesita cafeína".

Decidió irse a dormir enseguida, y al día siguiente estaba como nuevo.

Ya han pasado diez años, y Deltell no ha vuelto a probar el café. Ahora toma té, tampoco fuma, ni tampoco tiene nervios. 

La doctora Olga Cuevas, especialista en nutrición y salud, explica que el café es un estimulante cardíaco que, en dosis elevadas y en personas sensibles, puede producir palpitaciones y aceleración cardíaca. Ahora bien, Cuevas también afirma que su consumo, detrás de las comidas, facilita la digestión, porque la cafeína "activa las secreciones gástricas y la movilidad intestinal". Aunque eso a veces también produce ardor de estómago, diarreas o, sencillamente, un efecto laxante y diurético.

Susanna Arjalaguer, bióloga y postgraduada en dietética explica que con el café hay muchos malos usos.

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"La gente pone leche, que es una aberración, porque se hace indigesto, estropea la bebida", sostiene. Al té, "si se pone sólo una nube de leche porque le bajan los taninos", añade. Otro mal uso del café es tomarlo más allá de media mañana, porque, según Arjalaguer, "tiene consecuencias, costará conciliar el sueño y mantenerlo y, además, el sueño no será reparador". El sueño reparador es la fase de sueño profundo, en la que hay reparación celular y metabólica. En esta fase el sistema inmunitario se refuerza, "y un exceso de café puede hacer que no la mantengamos bastante rato", dice. Por ello, es crucial saber sacar un buen partido de esta bebida: "Una taza de café por la mañana, recién hecha, despierta y nos hace aumentar las capacidades cognitivas".

Cada taza de café contiene entre 75 y 150 miligramos de cafeína. No aporta calorías, pero tampoco adelgaza. Entretiene el apetito. Favorece las contracciones musculares, por lo que retrasa la fatiga y aumenta la capacidad y la frecuencia de las respiraciones.

No es bueno para las personas que tienen insomnio, cistitis, hipertensión, acidez, úlceras, ardor de estómago, diarreas, colitis ulcerosas y otras alteraciones intestinales. El descafeinado en grandes cantidades es tóxico por los residuos de los disolventes químicos usados ​​para descafeinar-lo.

El es una bebida estimulante gracias a la teofilina (50 mg por taza), similar a la cafeína. Contiene tanino (100 mg por taza), un astringente vegetal que tiene un efecto protector de la mucosa gástrica: alivia las digestiones pesadas. La extracción de la teofilina y los taninos depende del contacto con el agua caliente. El 75% de la teofilina y el 30% de los taninos pasan al agua los tres primeros minutos de infusión. Más tiempo de infusión no incrementa la teofilina, pero sí los taninos.

Con esta información, ¿por cúal te decides? #Alimentos #Calidad de vida