El PSOE observa con cautela al vicepresidente segundo del Gobierno de España, Pablo Iglesias, según vienen publicando varios medios en los últimos días. Todo parece indicar que los socialistas esperan que, tras los resultados de las próximas elecciones catalanas del 14-F, Unidas Podemos exacerbará sus críticas internas dentro del Ejecutivo, en una estrategia que buscaría posicionar a la formación morada con un mayor poder decisorio en La Moncloa, una tendencia que los partidarios del presidente Pedro Sánchez no podrían ignorar.

Dos Gobiernos en uno, el temor del PSOE

Las discusiones recientes por la polémica Ley de Vivienda avivaron la bronca interna, escenificada en la airada disputa pública que la ministra de Hacienda, María Jesús Montero y el vicepresidente Iglesias mantuvieron a ojos de los periodistas en los pasillos del Congreso.

Desde entonces, en el PSOE se habrían convencido de que deben andar con cuidado. La competencia tiene como faro las elecciones catalanas y lo que de ellas surja a raíz de los resultados.

En el pasado, Sánchez llegó a asegurar que jamás pactaría con Pablo Iglesias, porque "no podría dormir" en esas circunstancias, pero la realidad lo llevó a terminar formando Gobierno con el partido que surgió de la crisis del 15-M, aquel que en su momento quería ser el portavoz de los indignados y desalojar a PP y PSOE del espectro político español por considerarlos parte del mismo sistema. Hoy, el dilema de los socialistas es que, a pesar de tener el poder, sienten que en España hay dos Gobiernos en uno y eso los tiene intranquilos, tal y como señalan algunos periodistas especializados.

El candidato de Sánchez ya ha sido etiquetado

Salvador Illa no es ajeno a esa diatriba surgida en Madrid. Y es que el ex ministro de Sanidad y ahora candidato del PSC ya ha sido etiquetado por, nada más y nada menos, que el vicepresidente segundo del Gobierno. Pablo Iglesias pretendería así marcar su territorio y desvincularse del presidente Sánchez durante la campaña de las catalanas.

El líder de Podemos ha definido a Illa como un "candidato de los poderes mediáticos", al tiempo que no lo ve válido para ejecutar políticas sociales de izquierda.

Como han declarado varios de sus dirigentes, para el partido de Iglesias "no se trata de ataques al PSOE", sino de una lucha para que se "cumplan todos los acuerdos" del pacto para el Gobierno de coalición que ambas formaciones integran.

A pesar de ello, ministras como María Jesús Montero no confiarían en la palabra de sus socios, y así se lo habría hecho saber a su colega Irene Montero en una reunión. "No vamos a seguir tolerando deslealtades de Podemos", le espetó según el diario El País.

La calma de Pablo Iglesias

Sin embargo, parte de la prensa española descarta que Pablo Iglesias pretenda dinamitar el Gobierno. De hecho, el líder de Podemos ya ha hecho saber que él desea "terminar la legislatura", aunque dejando claro que "no se fía de nadie" dentro del Ejecutivo, porque además sabe que la formación morada "no era la primera opción de Sánchez, sino que lo era Ciudadanos". Hasta ahora, Iglesias ha sido sumamente eficaz a la hora de hacer entender a los socialistas que PSOE y Podemos no son la misma cosa.

El vicepresidente estaría vigilante e intentando cercar a su socio para que tomar parte del control de La Moncloa sea más fácil para la formación morada. Para ello contaría con sus principales aliados dentro del partido, como Pablo Echenique, Isa Serra y la propia ministra de Igualdad. Ahora, Sánchez deberá hilar fino para frenar las pretensiones de Unidas Podemos sin alterar la convivencia, porque la ingobernabilidad sería sumamente perjudicial para el país.

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