El nuevo presidente de los españoles y su esposa, Begoña Gómez llevan más de una década juntos. Son padres de dos niñas que concurren a un centro escolar público. Algo que ha despertado las especulaciones es, justamente, si las pequeñas Carlota y Ainhoa continuaran en este colegio o pasarán a uno más cercano a la nueva residencia familiar y de carácter privado.

De momento, nada ha trascendido respecto a ese dato, aunque previsiblemente (la jura sin biblia ayuda a pensarlo) mantengan la educación hasta ahora elegida. Hace unos años, Begoña comentaba en los medios de comunicación que, si en algún momento su marido era investido presidente, preferiría continuar viviendo en la casa que ambos poseen en Pozuelo de Alarcón.

Directora de una empresa de Marketing que capta fondos para Organizaciones no Gubernamentales, Gómez no podrá cumplir ese deseo. Por cuestiones de seguridad, la posibilidad de no residir en Moncloa, no suele ser viable.

La pareja se conoció en una fiesta, ambos reconocieron de manera pública, que la química fue inmediata. En el año 2006 oficializaron su relación ante la socialista Trinidad Jiménez que ofició la ceremonia de los contrayentes en el Ayuntamiento de Madrid.

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