El año 2016, con su larguísimo ciclo electoral, puso de manifiesto lo que se venía intuyendo desde el final de la segunda legislatura de Zapatero: el PSOE es un partido en crisis. Su situación se ve agravada por la aparición de un nuevo partido, Podemos, que le disputa el espacio de izquierda, y por el crecimiento y consolidación de Ciudadanos, que hace lo mismo en el espacio de centro. En consecuencia, el partido obtuvo sus peores registros históricos en las elecciones del 20 de diciembre, empeorados nuevamente en los comicios del 26 de junio.

La caída de Pedro Sánchez

La posición del secretario general se encontraba cada vez más debilitada a nivel interno, y los malos resultados de las elecciones vascas y gallegas de finales de septiembre terminaron por precipitar la situación. El 28 de septiembre 17 miembros de la Ejecutiva dimitieron, forzando la convocatoria de un Comité Federal para el 1 de octubre, donde Sánchez se vio forzado a dimitir tras perder los apoyos necesarios.

El partido pasó a estar controlado por una gestora liderada por el presidente de la federación asturiana, Javier Fernández.

La decisión fue muy protestada por la militancia y los votantes del partido, que identificaban a Sánchez como la opción que representaba la negación total al PP, desde el momento que cada vez más voces autorizadas del partido (incluidas las de miembros fundamentales en el pasado, como Felipe González) empezaban a defender la opción de una abstención en la investidura de Mariano Rajoy como la única solución posible a la situación de ingobernabilidad que duraba ya casi un año.

Con Rajoy ya como presidente y el partido realizando trabajo parlamentario, llegamos al Comité Federal celebrado el pasado fin de semana, donde la gestora presentó el calendario que llevará a la elección de un nuevo secretario general. Las primarias se celebrarán en mayo, en una fecha aún por determinar, mientras que el Congreso Federal será los días 17 y 18 de junio.

Los candidatos

Además del propio Sánchez, el principal nombre que suena, desde las elecciones del 20 de diciembre e incluso desde antes, es el de la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz.

Sin embargo, la Sultana, como se la conoce en la intimidad de algunas conversaciones de pasillo y en los medios, todavía no ha dado el paso. Tampoco Pedro Sánchez, cuyo perfil público en las últimas semanas está siendo discreto.

En medio de la espera, el que ha anunciado su candidatura es Patxi López, ex-lehendakari y ex-presidente de la mesa del Congreso en la breve legislatura que siguió a las elecciones del 20-D, figura respetada dentro y fuera del partido y con dilatada trayectoria Política.

Este hecho ha alimentado las especulaciones sobre las diferentes correlaciones de fuerzas que se pondrán en juego en las próximas semanas, así como los nombres que las protagonizarán.

Por lo tanto, hasta que llegue mayo, se seguirán alternando especulaciones, rumores y declaraciones de los principales implicados. Lo que sí está claro es que el vencedor se enfrentará a un momento decisivo para el partido, que viene perdiendo representación a todos los niveles (estatal, autonómico y municipal) durante los últimos años, y cuyo espacio electoral está cada vez más delimitado entre las diferentes opciones que ofrece actualmente la política española.

Si el 2016 fue el año en el que se confirmó la tendencia de pérdida de apoyo que está sufriendo el PSOE, 2017 será el año en el que se sentarán las bases para su futuro.

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