El anuncio del nuevo gobierno de incrementar hasta 950 euros mensuales el sueldo mínimo de los trabajadores españoles por cuenta ajena ha provocado todo tipo de comentarios, unos totalmente a favor, otros totalmente en contra, algunos escépticos, otros esperanzadores... Pero ¿qué piensan los autónomos?

En España, los afiliados al RETA superan los 3 millones de personas. De ellos, 2 millones corresponden a personas físicas (profesionales en su mayoría) y el resto, a personas inscritas en alguna sociedad (empresarios).

La cantidad de afiliados sigue aumentando anualmente y ya son la fuente principal de proporción de empleo

Es habitual pensar que un autónomo es alguien que gana mucho dinero, un empresario de Vuitton y Lexus, pero no es así. El 85% cotiza por la base mínima, y uno de los motivos es porque sus ingresos no dan para más.

Si se pone como ejemplo un fontanero, a lo que factura mensualmente debe restarle, por supuesto, el IVA, pero también la compra de materiales (un 30%), la cuota de la Seguridad Social (mínimo 286,10 euros al mes), el alquiler de un local (pongamos, unos 500 euros con gastos incluidos), el desplazamiento (otros 300 euros), el IRPF (aproximadamente, el 20% de los beneficios), seguros, dietas, imprevistos...

Así, para llevar a casa unos 1.000 euros, debe facturar nada más y nada menos que 10.000 euros..., insistimos, al mes.

Los agricultores levantan la voz, con toda la razón, porque se ven en la obligación de vender sus productos por debajo de sus costes de producción, ya sea por el papel de los intermediarios (que se merecen un artículo aparte), por las multinacionales, etc.

Ante estas circunstancias, una gran parte de la población se está llevando las manos a la cabeza. Sin embargo, nadie cae en la cuenta de que se trata de autónomos y que su caso se puede aplicar con facilidad a un porcentaje nada despreciable de trabajadores por cuenta propia de otros sectores.

Unas de las demandas que ya van obteniendo la categoría de «clásicas» consisten en que la cotización a la Seguridad Social se equipare a los ingresos netos obtenidos, que sea igual a 0 cuando no se llegue a un mínimo de facturación y que se rebaje la retención del IRPF.

No se sabe si el nuevo gobierno estará por la labor, pero la cuestión es que, si no se hace algo de forma urgente, los autónomos de este país están condenados a pasar de ser la fuente de empleo más importante a personas por debajo del umbral de la pobreza, por no tener siquiera una prestación por desempleo digna.

Es verdad que hay empresas financieras que presumen de estar al lado del cariñosamente llamado «emprendedor», lo invitan a congresos y ponencias para enseñarles a ser más eficientes y confiar en el éxito futuro, etc. pero, a la hora de ofrecer financiación, si los números no alcanzan una facturación anual mínima de 50.000 euros... Nada. Hay otras entidades importantes que conceden Premios rimbombantes a los mejores proyectos, a las empresas del año, a los empresarios más destacados, etc.

pero estos galardones no están enmarcados en remuneración alguna, la promoción se reduce a una noticia breve en el diario que ha avalado el acto y el único objetivo que se hace evidente es el de vender productos bancarios o de otro perfil...

En conclusión, para un autónomo, las palmaditas en la espalda son abundantes, pero las ayudas reales son escasas, nulas o inaccesibles. De ahí, que algunas soluciones pasen por vender o hipotecar las propiedades, el pluriempleo y, las más desesperadas desesperadas tengan mucho que ver con vender los productos por debajo del coste de producción.

A pesar de todo, nunca nunca se debe perder la esperanza: y el autónomo español posee una de las características más envidiables del país: la perseverancia.

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