Mujer contra mujer

Conforme la sociedad ha ido avanzando, la igualdad entre ambos sexos se ha ido equiparando. ¿Hay aún hoy en día cosas por cambiar? Por supuesto. Algunos hombres siguen creyendo y expresando abiertamente que el lugar de una mujer es el hogar. Ser una buena ama de casa, una buena esposa, una buena madre... ¿Significa esto que el destino de una mujer se establece en dichos patrones?

Si bien es cierto que algunos hombres entienden que el mundo debería funcionar de ese modo, también es verdad que hay mujeres que defienden la misma corriente.

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Podemos considerar que se trata de una idea algo desfasada y tradicional que día tras día pierde gran cantidad de seguidores. Sin embargo, ¿dónde reside el verdadero problema? La realidad, dejando a un lado el machismo latente, es que las mujeres deberían de poder elegir qué concepto de vida les resulta más adecuado, independientemente de que decidan integrarse o no en el mundo laboral.

Ahora bien, llegados a este punto, cabe añadir que en ciertas ocasiones son las propias mujeres las que dañan el modo, estilo y pensamiento de vida de muchas otras. El hecho de que unas prefieran ser madres no debería afectar a aquellas que no deseen serlo. Que unas luchen porque el feminismo siga sirviendo como modelo de libertad, no debería repercutir en aquellas que evitan una lucha que no consideran como propia. Que unas vivan una vida monógama no debería de suponer un insulto para aquellas que viven su sexualidad sin patrones establecidos. Las mujeres son las primeras en atacar el comportamiento de otras mujeres sin pensar en la repercusión social que ejercen ciertos comentarios y actitudes sobre su mismo sexo.

Un claro ejemplo de ello es la página de Facebook Mujeres contra el Feminismo en la que podemos leer cómo mujeres de distintas culturas y nacionalidades se insultan las unas a las otras llamándose ignorantes, tontas o cualquier otro adjetivo calificativo que se les pase por la cabeza.

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La razón de estos comentarios surge de la mediatización de imágenes en las que se hace alusión a la parte más radical del feminismo. Dejando a un lado que el título de la página resulta inapropiado debido al ataque directo que se le hace a este movimiento social, pues podría llamarse "Mujeres pro igualdad", entre otros posibles ejemplos, debemos ahondar más allá. A pesar de que se muestren fotografías sarcásticas acerca del feminismo, con las que se puede estar o no de acuerdo, el verdadero problema no reside ahí, sino el modo con el que aquellas personas que siguen activamente una corriente desprecian a otras que no comparten la misma opinión.

¿Cuándo podemos considerar que una persona peca de radicalismo?

En esencia, cuando la actitud e ideas extremas y poco flexibles de un individuo repercuten negativamente en el pensamiento y forma de vida de otro.

Hace unos meses, la periodista Samanta Villar expuso públicamente la falsedad o la falta de naturalidad con la que muchas madres idealizan y hablan de la maternidad.

Como resultado, las redes ardieron. Miles de mujeres la tacharon de fría, estúpida y pusieron en tela de juicio su labor como madre primeriza. Dicho comportamiento poco o nada tiene que ver con el feminismo y sus ideales. Que en un país como España se agreda verbalmente a una mujer que expresa el sufrimiento inicial de la maternidad resulta realmente cuestionable, pero que estos comentarios emerjan de la boca de las propias mujeres supone un atraso monumental.

Es lícito que las personas reaccionen ante una opinión polémica, pero hacer uso del mero insulto no sólo demuestra la intolerancia existente en la sociedad actual, sino una falta de respeto y educación que sobrepasa los límites de lo permisible. Como dice el conocido cómico Miguel Lago en uno de sus controvertidos monólogos: "Yo contra lo que no puedo es contra lo que se ha convertido España, que es un país de 50 millones de censores". Y, por desgracia, la realidad es que poco a poco las mujeres están consiguiendo censurarse a sí mismas.