Hace un par de días, mis redes sociales hicieron eco a sus comentarios referidos a la marcha contra la violencia machista que tuvo lugar en Madrid el 7 de noviembre. No pude evitar leer su "El negocio del sexo" publicado en El Mundo hace un par de días.

Y aquí me tiene respondiendo; despacito, no nos aturullemos:

«El sábado pasado se celebró en Madrid una absurda #Manifestación contra la violencia que llaman de género. Sería de esperar que pronto se celebraran otras contra el cáncer de próstata o el suicidio».

El diccionario de la Real Academia de la lengua Española define absurdo como "contrario y opuesto a la razón, que no tiene sentido", "extravagante, irregular", "chocante, contradictorio", "dicho o hecho irracional, arbitrario o disparatado".

Absurdo, a mi humilde juicio son 1.378 víctimas mortales de la violencia machista desde 1995, 70 feminicidios sólo en 2015. Contrario y opuesto a la razón es que en una sociedad "avanzada" se estén perpetrando este tipo de actos. Extravagante e irregular es que los asumamos como algo regular y que no nos asombre ni nos escandalice que las mujeres de nuestro país estén siendo asesinadas, Señor Espada. Chocante y contradictorio es eludir que en estas muertes hay autores, responsables de crímenes que el estado no puede tolerar, por tratarse de una violación directa de los #Derechos Humanos. Considero absurdo en ese caso no celebrar una manifestación, no ponerle voz y gritos a tantas mujeres que ya poco pueden denunciar, consentir este tipo de atrocidad, viéndola pasar y restándole la importancia que se merece, calificando de absurdo un intento por concienciar a una sociedad tan enferma en la que todavía es cuestionable el grado de severidad de estos crímenes.

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Y sumarle a la frivolidad de las declaraciones la comparativa con el cáncer de próstata o el suicidio también, Señor Espada, me parece absurdo.

Afirma que «Los crímenes de pareja forman parte de una obstinada violencia privada cuyas raíces son casi insondables». Los feminicidios son sólo "la punta del iceberg". Voy a hablarle de otro tipo de violencia machista que nos golpea más silenciosamente: 1.280 agresiones sexuales denunciadas en 2012, según el Ministerio de Interior; 6.562 casos de abuso, acoso y agresiones sexuales en 2009 cifró el Instituto de la Mujer y 1.304 ataques sexuales con penetración ese mismo año. Estas cifras constituyen aproximadamente el 20% de las agresiones que se producen realmente en España, según la Fundación Aspacia. En el Instituto de la Mujer no actualizan las estadísticas desde 2009 debido a que no hay un cómputo común. Sobre este tipo de violencia no existe un registro real, por no entrar en la escasa atención que recibe por parte de las instituciones públicas.

La violencia patriarcal escapa de la privacidad de la pareja, Señor Espada. Se trata de una cuestión de educación. Y la educación también es cuestión de estado. No podemos tolerar que se le reste importancia a un problema tan serio. No podemos consentir que se tache de absurda una lucha por los derechos humanos, por la libertad de la mujer, por la igualdad, por la educación de la población. Estamos exigiendo cordura.

Tengo 23 años y por desgracia ya puedo hablar en primera persona de la violencia patriarcal. No vamos a dejar de luchar ni nos va a amilanar nada. Queremos un estado que sea consciente de los problemas de su sociedad y que actúe en consecuencia.

NI UNA, es la cifra que debería consentir cualquier sociedad y cualquier estado.

«Y si no tuviera un lado repugnante, me gustaría comparar la atención institucional y social que reciben los crímenes de pareja respecto de los accidentes laborales o el suicidio».

Por fin nuestras opiniones convergen en un punto: esto está resultando ciertamente repugnante.

  #Violencia de género