Una de las cosas más bonitas de ver películas es poder descubrir a una actriz desde el inicio de su carrera y darte cuenta de que esa admiración que sentiste por ella no solo no se ha desvanecido sino que ha ido aumentando, afianzando una opinión que, título tras título, ha consolidado a quien la mereció y le ha otorgado un valor incluso mayor que el que tenía cuando despuntaba, a finales de la década de los ochenta, cuando de la mano de quien llegaría a ser su marido, el director Kenneth Branagh, la vimos en Enrique V, Morir todavía o Los amigos de Peter.

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Regreso a Howards End, Lo que queda del día o En el nombre del padre hicieron de Emma Thompson la joya inglesa que hoy sigue siendo, en películas que nacieron con el sabor de los clásicos y que como tales figuran en las retrospectivas de las obras rodadas hace poco más de veinte años.

Sentido y sensibilidad, Love Actually o La niñera mágica acabaron de elevarla a la mejor de las categorías, la de las intérpretes que, sin necesidad de dejar su talento a un lado se adentran en el cine más comercial y familiar dándole a éste el aire fresco que producciones más simplonas no le permiten tener.

Que la cantera de actores británicos es inmejorable es un hecho, pero su caso es especialmente llamativo, no solo porque se trate de una intérprete tan buena que su nombre se asocie con aquello que es difícil de superar, ni porque su destreza a la hora de escribir guiones sea también un ejemplo a seguir, sino porque haber formado equipo con Anthony Hopkins, con el director James Ivory y el productor Ismail Merchant, es un privilegio del que pocos profesionales pueden presumir.

No se detiene ante nada: el drama es un terreno que puede pisar con los ojos cerrados e ir guiando a todos los despistados que la sigan con ellos abiertos; en la comedia da clases a todo el que quiera observarla y aprender, y en los biopic, o género biográfico, Dora Carrington habría estado orgullosa de ver su propio reflejo en la película cuyo apellido le dio el título.

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Incluso P. L. Travers, la autora de Mary Poppins, habría aplaudido el mimetismo que Thompson logró con su persona en Al encuentro de Mr. Banks: los créditos finales del film recuperaron grabaciones originales de la escritora para que las escuchásemos con la admiración que provoca haber asistido a la soberbia aproximación de Emma a la misma.

Ahora, una de las mejores intérpretes que ha dado su país, y el mundo por extensión, se impone otro reto insuperable consistente en darle vida a la tetera de La bella y la bestia, que ya se está rodando en imagen real con Emma Watson como indiscutible Bella y Dan Stevens como su desfigurado pretendido. La señora Potts será Emma Thompson y el reloj, Ian McKellen. Por lo tanto solo queda contar los segundos para ver el resultado.