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Hoy, 8 de marzo, se conmemora en casi todos los países del mundo el Día Internacional de la Mujer, cuyos orígenes debemos relacionarlos con el movimiento internacional de mujeres socialistas de finales del S. XIX, que tenía como finalidad la lucha por los derechos de las mujeres sin restricciones. Pero no será hasta 1910, cuando Clara Zetkin, líder del movimiento de mujeres socialistas de Alemania, proponga la celebración de un día internacional de la Mujer durante la II Conferencia Internacional del mes de agosto en Copenhague. Y hasta 1911 cuando se conmemore por primera vez el 19 de marzo en los países de Austria, Alemania, Suecia y Dinamarca, donde se congregaron más de un millón de mujeres, quienes con una única voz reivindicaron sus derechos al trabajo, al voto femenino y a ocupar cargos públicos; en pocas palabras, el fin de la discriminación hacia la mujer.

Sin embargo, la conmemoración de este 8 de marzo no entrará en la agenda internacional hasta el tercer cuarto del siglo XX, en concreto hasta el año 1975, en el que por primerva vez y coincidiendo con el Año Internacional de la Mujer se celebró este día por parte de las Naciones Unidas, empezando así la desvirtuación del espíritu del mismo, que se centra en la reinvidicación de los derechos de las mujeres sin restricción de ningún tipo y en conmemorar a tantas mujeres, conocidas o no, que lucharon para que se nos reconociera lo que nos pertenece: nuestros derechos, y no migajas o pequeñas concesiones de ellos.

Por tanto, han pasado 40 años desde que este día se convirtió en "internacional" y, desde entonces hasta el momento actual, ha ido incorporándose en las agendas políticas de los distintos países, hasta el punto de que las instituticiones públicas se han ido apropiando del 8 de marzo, del Día Internacional de la Mujer, quizá desvirtuando así su primigenio carácter de reivindicación y de lucha por los derechos de las mujeres.

En efecto, son numerosos los actos que los distintos gobiernos realizan en torno a esta fecha, pero parece ser que después del día 8 ya no hay nada más, las mujeres no existimos; esto es, las instituticones conmemoran y celebran este día, mientras los restantes 364 que completan el año permanecen pasivos y en silencio cómplice mientras se vulneran los derechos de las mujeres y de las niñas, recortándolos o violentándolos; o incluso elaboran leyes que los recortan aún más. Se podrían enumerar un sinfín de ejemplos en que predominan prácticas sociales, costumbres e incluso leyes que vulneran, directa o indirectamente, nuestros derechos, convirtiéndolos en simple moneda de cambio a efectos partidistas o electoralistas; pero excedería la extensión del artículo.

De todas formas, con ello no pretendo ni quiero decir que deba suprimirse este Día Internacional de la Mujer, que creo muy necesario, pero también creo muy necesaria una reapropiación del mismo por parte de los movimientos feministas y de mujeres, por parte de todas las mujeres de todo el mundo, arrebatándoselo a las instituciones públicas -que lo están convirtiendo en una mera festividad-, para devolverle el tan necesario espíritu de lucha, de reivindicación de algo que nos pertenece por el simple hecho de ser personas: nuestros derechos y libertades sin restricciones. Nos lo debemos y se lo debemos a nuestras predecesoras, grandes mujeres que, silenciadas por la historia, desde su activismo político y social lograron conquistar muchos de estos derechos que hoy nos quieren arrebatar.