Actor consagrado de Hollywood y una auténtica leyenda del Cine, Kirk Douglas, muere a los 103 años pero su impronta queda grabada para siempre en la memoria y en la historia del séptimo Arte a la que ha legado más de 92 películas. Una longeva carrera y una larga vida preñada de particularidades que lo convierten en un icono con un sello de lo más personal.

Su infancia fue impregnada por una fuerte pasión por el deporte y, en particular, por la lucha libre y no fue, tras su debut escénico junto a Lauren Bacall, el cumplimiento del servicio militar y la culminación de sus estudios universitarios que finalmente se trasladó a Nueva York para inscribirse con 23 años y gracias a una beca, en la Academia Norteamericana de Arte Dramático, lugar en el que permaneció hasta 1939.

En 1945 había cosechado cierta fama aunque no fue hasta El extraño amor de Martha Ivers que reveló su verdadero talento como actor. Se le sucedieron las propuestas y las nominaciones a un Óscar que nunca ganó debido a sus tendencias izquierdistas y a un pleito que sostuvo con Stanley Kubrick lo que le restaron fuerza en la meca del cine y le mermaron notablemente sus posibilidades de acceder a la estatuilla.

No obstante, sí que recibió un galardón honorífico por sus 50 años de dedicación a la industria cinematográfica.

A lo largo de su trayectoria profesional fue quedando al descubierto su carácter temperamental y su indiscreta pasión por las mujeres. Como resultado, su primera esposa con la que había tenido dos hijos, Diana Dill, solicitó el divorcio a la vez que se granjeó múltiples enemistades en el entorno hollywoodiense. Pero su vocación, ingenio y facultades interpretativas se demostraron mucho más fuertes que cualquier obstáculo.

Estilo imperativo

Su estilo interpretativo destiló hasta el último momento intensidad y convicción que dotaban a todas sus películas de una marca distintiva única. Intervino tanto en comedias como dramas, dió vida a personajes duros aunque siempre con un fondo sensible, participó en numerosas producciones televisivas y codirigió varios filmes. Una actividad frenética que logró sobrevivir a un accidente de helicóptero (1991) pero que experimentó un fuerte frenazo debido a una trombosis que sufrió en 1994 y que le causó serios problemas psicomotores.

De hecho, el actor tuvo que someterse a un tratamiento de terapia linguistica para continuar comunicándose con cierta normalidad. Aunque finalmente encontró en la escritura su vía de escape. Así, además de alimentar su blog, volcó la dura experiencia a causa de la apoplejía en un libro que tituló My Stroke of Luck. Sin embargo, y a pesar de haber tenido que abandonar las pantallas, nunca dejó de ser una de las grandes estrellas de Hollywood.

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