Entre el público había auténticos fans de Miguel Ríos, que vibraron durante todo el concierto, pero quizás no fue la mejor audiencia posible, en parte, porque ver sentado un concierto de rock, aunque sea en el formato sinfónico, no es la mejor manera de verlo y porque daba la sensación de que había personas que no encajaban mucho con el espectáculo que se estaba ofreciendo.

Tampoco es una manera de ver un concierto estableciendo una conversación con el compañero de al lado ni sacando constantemente fotos con flash, ni consultando en el móvil que dicen las redes sobre el descalabro de Argentina con Croacia. Pero vayamos a lo importante.

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Crónica de una vuelta

El viejo rockero ha vuelto y sigue siendo el mismo de siempre. Su voz no es la de antes, pero daba gloria ver como sigue defendiendo el repertorio y como en algunos momentos, su manera de cantar llegaba al corazón de la audiencia.

Empezó la Orquesta Sinfónica Universal Music con una suite que incluía varias canciones del repertorio que iba a interpretar luego Miguel Ríos.

Tras la aparición de “Los Black Betty Boys”, la sección rockera compuesta de guitarra, bajo, batería y piano, salió al escenario con los acordes iniciales de “Memorias de la carretera” enganchándola con “Bienvenidos”. Un inicio a todo a pulmón cantando estrofas de esta última en catalán. Todo un guiño al público asistente.

Algunas canciones las fue introduciendo, contando un poco sobre de que iba, canciones como “En la frontera” o “Boabdil el chico” que hoy en día siguen siendo actuales. Y es que siempre, el granadino, además de una figura comprometida, ha sido un gran comunicador, la experiencia es un grado, y da a pensar que si hiciera una serie de actuaciones al estilo de lo que Springsteen está haciendo en Broadway sería un regalo para los fans y un éxito aquí sin precedentes.

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Un setlist variado para fans y para viejos rockeros

En su setlist en las que alternaba canciones más conocidas con otras que para el gran público no lo son tanto, pero que los fans recibían como agua de mayo, así una sorpresa como Reina de la noche o Sueño espacial se combinaba con otros clásicos como “El Blues del autobús“, o “Todo a pulmón”.

Siguiendo un poco la línea del CD sacado en marzo, enfiló la recta final del concierto recuperando “El Rock de una noche de verano” y cerró antes de los bises con un medley de clásicos del rock and roll donde mostró que no había perdido su manera de conectar con el público haciendo alarde de su simpatía y cercanía.

Ya en los bises nos sorprendía de nuevo con una interpretando “Los viejos rockeros nunca mueren” donde hacía bromas sobre su vuelta a los escenarios, “los viejos rockeros siempre vuelven, los viejos rockeros mienten mucho” y luego con una potente “Santa Lucía”, y ya para finalizar en un segundo bis, con “El himno a la alegría” muy bien secundado tanto por la orquesta como por el grupo de acompañamiento.

En definitiva, un buen comienzo de gira, a sabiendas de que conforme vaya avanzando irá sonando mejor.

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La fusión de orquesta y banda de rock es todo un éxito, suena con mucha fuerza, apreciándose mejor incluso que en el CD.

Si tenéis ocasión de ir a verlo, sobre todo si sois fans del viejo rockero, no perderos la oportunidad, una vez más de disfrutarlo en persona.