Si bien no es una obra que se toma ella misma en serio, sí es un formidable trabajo de entretenimiento de calidad y una producción que expone una industria potente y certera, la francesa, con un músculo a la par del potencial americano. Luc Besson es muchas cosas, probablemente el director más feminista que existe en la ciencia ficción, un verdadero enfant terrible del entretenimiento y devorador compulsivo de comics. Desde Nikita (1981) con Anne Parillaud, su narrativa trepidante –no te vas a aburrir nunca- no ha terminado de generar films, con más o menos acierto, pero siempre sabiendo lo que tiene entremanos: entretenimiento de calidad.

El quinto elemento (1998) con Bruce Willis y Milla Jovovich, se movían a través de un imaginario donde mucha culpa de ello, la aporto uno de los santos inmortales del cómic Moebius (Jean Giraud) y otro de los grandes de la ilustración gala Jean Claude Méziers. Este último repite en Valerian, la ciudad de los 100 planetas, serie de cómic creada por Pierre Chistian en ilustrada por Méziers que es llevada a la gran pantalla por el bueno de Besson. El film recoge un guión, criticado en ciertos puntos por no ser muy claro –a mi me ha parecido solvente- pero con un acertado entramado de acción y efectos especiales –espectaculares- que te congratulan con el buen Cine espacial... o con la tendencia de un cine de entretenimiento galáctico y extraterrenal que en muchas ocasiones exige una simple premisa: puedes hacer la máxima de la creación, tu imaginación no tiene límites.

Besson, en uno más de sus caprichos –es hasta ahora la película europea más cara de la Historia- lo ha sabido hacer, o siempre lo sabe hacer, con una firma diferente a la norteamericana, incluso podríamos decir con tildes humanistas y de nueva ola, el director francés la vuelve a liar.

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