La Feria Internacional de Arte (ARCO) 2016 calificó a Ignacio Llamas (Toledo 1970) como el artista español contemporáneo más importante del momento. La Asociación española de críticos de Arte fue la responsable del reconocimiento pero más allá de los honores, mi experiencia personal al contemplar la obra del autor a través de un paseo embaucador por las estancias del Museo de Santa Cruz, fue intima e intensa. Sangrar Luz está repleta de un sentimiento profundo hacia una materialidad básica de encuentros y visiones. Es una obra que te facilita un imaginario de fantasmagoría, una recreación de minimundos en pequeños rincones (sacos de yeso o cajones de madera blanca) iluminados por sutiles puntos de luz, donde el autor ha sabido transmitir la devastación de la soledad y el dolor.

Este espacio de sugerente intimidad proyecta, de igual forma, una belleza de la devastación, una sutil armonía de lo vacío. El propio autor definía Sangrar Luz como “Sangrar se refiere al dolor, a la parte más negativa del hombre, que, con la luz, se transforma en algo positivo».

El nombre de la exposición ha estado inspirada en el poema “Oda a la muerte” de Isabel Bono. El recorrido tiene ese sentimiento de punto final, pero de sosegada esperanza en un la luz. La experiencia inmaterial y material se confecciona a través de materiales mixtos, como la fotografía, la madera, la escultura o la Arquitectura pero con una tendencia hacia la instalación donde la luz y el sonido son los elementos esenciales.

Ausencias y esperanzas, desolaciones, interperies, límites, vacíos... Es difícil abarcar en un texto cómo es la experiencia de Sangrar la Luz. Desde luego es un paseo por la intimidad de un artista denso y sugerente con una futura proyección de creaciones más que interesante. Las salas del Museo de Santa Cruz (Monasterio del siglo XVI), espacio único dentro de las salas expositivas que tiene el Patrimonio histórico de la Junta de Castilla La Mancha, -uno más de los rincones sin par de la ciudad de Toledo- también ofrecen la escena, el lugar de recogimiento preciso para poder albergar una obra de este tipo.

La luz y el sonido, los espacio s en calor oscuro generados por las salas en negro dotan de la sorprendente sensación de materia y espectralidad. La mezcla de esas obras materiales, y sus recreaciones a través de estampas fotográficas sobre las escenas construidas, crean otros puntos de visión sobre la obra.

Ofrecen así cuadros repletos de sugerencias y de imágenes que nos abren a otras imágenes, un laberinto que nos atrapa hacia un desconocido imaginario.... Imágenes de sueños casi tenebrosos pero de enorme profundidad.

Ignacio Llamas parte de sus fuentes de inspiración y las evoluciona desde sus primeras búsquedas en los tonos minimalistas. Ya desde sus inicios, el blanco y negro en papel fue una tónica. Pero es a partir del 2002 cuanto rompe lo limites del plano y se adentra en el espacio, de igual forma bitono. Su obra comienza a trabajar la escultura y la arquitectura; espacios recreados mínimos de elementos yermos como árboles secos, sillas solitarias, ruinas de un imaginario constituido en maquetas de madera y yeso.

Un mini-mobiliario surgido de solares y espacios abandonados. Un imaginario de la soledad que a finales de la década del 2000 fue acompañado por la obra fotográfica.

La Comisaría de la exposición Cristina Berther, señalaba las fuentes de inspiración. “Sangrar la luz es un juego de Luces ausentes luces presentes, un argumento dialéctico principal en Llamas. Para comprenderlo es necesario conocer su cercanía a la cultura oriental y la fascinación por el arte y pensamiento japonés.

La exposición se podrá contemplar en el Museo de Santa Cruz de Toledo hasta el 26 de Noviembre de este año.

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