Han pasado casi 7 años desde que la banda terrorista ETA anunciara su intención de abandonar la lucha armada. Precisamente estos días hemos tenido noticia de un nuevo comunicado sobre la entrega de armas, aunque no de la disolución de la organización ni de arrepentimiento o perdón.

Y mientras esto sucede, llega a las librerías una novela que toca de lleno (no de pasada o con metáforas, sino abordando el asunto de frente y con valentía) el delicado tema del terrorismo y del llamado "problema" vasco. Una historia dura y emocionante, escrita por un vasco, Fernando Aramburu, que nos habla sin ambages de temas hasta hace poco eran tabú, sobre todo en aquellas tierras.

La historia que se narra en Patria no es solo la de dos familias destrozadas por el terrorismo, la familia de la víctima y la del verdugo, sino que también es un crudo análisis de una sociedad envenenada por el virus del nacionalismo. A través de sus personajes principales y otros secundarios, podemos rastrear ese mundo de prejuicios, mitos, verdades, mentiras, miedo e hipocresía que durante tantos años ha sido la realidad del País Vasco.

Aramburu no se olvida de ninguno de los elementos que han configurado esta realidad dramática y perversa: la política, el nacionalismo y su componente más racista, el papel de la Iglesia, la cultura del odio, la ignorancia, la herencia franquista... Y sobre todo el factor humano, con sus luces y sus terribles sombras.

El autor, que sin ser citado aparece en su propia obra en un determinado momento en un curioso cameo, no deja dudas sobre su posicionamiento en contra de la violencia de cualquier tipo y su empatía hacia las víctimas, pero trata de no pontificar, huyendo de cualquier clase de opinión política.

El terrorismo, que algunos insisten aún en llamar "lucha armada", es un monstruo que acaba devorando no sólo a quienes lo padecen, sino también a los que lo practican, lo apoyan o lo justifican.

Ese es el gran mensaje de "Patria", junto a uno más humano y ético como el del perdón. Seguramente los lectores vascos, por cercanía, podrán valorar mejor la grandeza de "Patria", aunque todo el mundo se emocionará con las páginas de esta historia que podríamos ya considerar como la gran novela del año, tal vez de la década.

Una obra que se tenía que escribir, y con la que tal vez, sólo tal vez, se puedan empezar a restañar las heridas, aún sangrantes, que el terrorismo ha infligido en la sociedad vasca y la española.

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