Nota: 8 de 10

la la land redefine el musical para el siglo XXI. A pesar de sus referencias a los éxitos y estrellas de la década de los 60, el nuevo largometraje de Damien Chazelle no se estanca ante su estética. La llegada de este director supone una revolución que aprovecha los aciertos del pasado con un nuevo apartado que hace de lo ya visto algo nuevo.

La coreografía de la cámara.

Mientras que los clásicos mantenían una distancia prudencial para mostrar los números musicales emulando al teatro, Chazelle hace de la cámara partícipe de tales danzas con planos cercanos en la que esta se mueve con sus bailarines.

La habilidad del director sobre dicha herramienta permite que el plano acompañe a los movimientos y que se aleje cuando es necesario sin perder el ritmo de la sintonía y respetando la narrativa de la canción. Una utilización del plano secuencia que aprovecha las ventajas del Cine para hacer participe al espectador del espectáculo sin dejar de guiar su atención con sutiliza por el desarrollo de la historia.

No sólo de canciones va la película.

La La Land se mueve con una coreografía que no sólo se define por sus canciones, si no por el manejo de la comedia y el drama. El guión del director construye un imaginario en el que la emoción es representada en pantalla y al que se le añade un guión con diálogos que derrochan ingenio. Sus textos vuelven a indagar en una temática bien conocida por el autor de Whiplash como es la lucha por el estrellato.

Una aspecto en que el vuelve a ahondar junto a su pasión por el jazz, estilo que tampoco podía faltar en su último trabajo, y en un escenario tan representativo como Hollywood y la ciudad de Los Ángeles.

Los nuevos Fred Astaire y Ginger Rogers.

Las colaboraciones pasadas de sus protagonistas permiten que la química sea uno de los rasgos a destacar en la pareja formada por Ryan Gosling y Emma Stone. Las dos estrellas se amoldan a las necesidades de su guión saltando sin problemas entre el carisma de su comedia y el pesar de su drama.

Stone aporta una variedad expresiva que fortalece el carácter más sereno de su compañero; un Ryan Gosling que cede su encanto al rol del fracasado soñador.

Conclusiones.

La gran cantidad de galardones y críticas positivas prueban que Whiplash no fue un accidente. La La Land reafirma el genio de Damien Chazelle, un director capaz de sacar la suma de lo mejor del cine y la música. Una verdad reflejada en un musical revolucionario que, aunque cae ocasionalmente en algún tópico propio de las comedias románticas, revive un género del pasado con una versión nueva y mejorada.

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