No solo de Hoollywood vive el hombre, las grandes distribuidoras nos ocupan en pequeñas dosis en esta recatada visión de un año cinematográfico. Sí, habrá Star Wars episodio VIII pero encontraremos más allá de los grandes fastos pequeños destellos de belleza. Siempre habrá que ver lo que se proyecta en pequeñas dosis, lo más interesante suele estar en la cara b de los cines. De momento abriremos con dos films comerciales pero que en su día marcaron dos sendas reconocibles y únicas, hablamos de la segunda entrega de Transpotting (Danny Boyle) y Blade Runner 2049 dirigido por Denis Villeneuve (Arrival, en cartelera en estos momentos), eso sí, producido y escrito por el padre de la criatura, Ridley Scott.

Transpotting II es la pregunta que muchos nos pudimos hacer por aquellos noventa de esa panda de yonquies... ¿Dónde acabarían veinte años después? Renton, Spud, Franco y Sick Boy, vuelven a su ciudad natal, Glasgow, para reencontrarse después de toda una vida. ¿Qué hemos hecho?¿ Qué ha sido de nuestros planes? Muchas derrotas y esperanzas rotas para comenzar de nuevo desde el fango. La reunión más deseada de ese fantástico grupo de lossers nihilistas que Danny Boyle les diera vida a principios de los noventa.

Renton vuelve a sus orígenes con todo por los suelos pero con una filosofía más positiva, “hay que desintoxicarse”, él ha dejado de tomar heroína pero a Spud le cuesta. Renton le regala unas zapatillas deportivas para tal afán. Correr, correr, siempre correr, para salvar la vida, para guardar la salud, para salir y huir de la policía... Bajo esa premisa siempre comienza Transpotting, huir, salir y entrar.

Blade Runner 2049 es otro film generacional que se resistía a consumar una segunda parte. La formidable oda de ciencia ficción y filosofía –de igual forma que Alien- que Ridle Scott nos entregó en el 82, evoluciona 35 años después en una historia de seres solitarios en busca de su destino, de momento nada nuevo bajo el sol.

Difícil conquistar, por tanto, las cumbres brillantes de la primera entrega, un film formidable que continuaba una senda de películas donde la Ciencia ficción propiciaba el espacio para la pregunta existencial: Odiea 2001 (S.Kubrick), Solaris o Stalker de Tarkovski... Todas esos films, padres precursores de la pregunta en medio de lo evidente y sobre natural, que en la mayoría de las ocasiones la ciencia ficción nos perturba con demasiado confeti. Detrás siempre, detrás, existió la pregunta del sentido de la vida y la muerte del replicante.

¿Por qué me creasteis con fecha de caducidad?

Emir Kusturika será otro de los elegidos. El film On the milky road, película estrenada hace pocas semanas en Portugal, propone un encuentro de amor mágico. El propio director, como actor, se embarca en una aventura redentora, donde lo coral siempre será una firma y la banda sonora poderosa. El realismo mágico de Kusturica siempre presente, nos entrega así una historia de amor, de nueva mágica, en ese lugar perdido por siempre, recordado únicamente en la memoria, que se ha convertido en fantástico gracias al mundo de Kusturica: Yugoslavia.

Así cerraba Undrerground (1995), con las palabras de Iván (Slavko Stimac) “Yo tenía un país”. Erase una vez...

Dos de los films y directores apetecibles (después de haber presentado al final del 2016 Jim Jarmush: Paterson y Gimme Danger), Michael Haneke y Aki Kaurismakis. El primero con Happy End en proceso de post producción. La última película del cineasta alemán se adentra en la historia de una familia francesa que tiene que convivir con la problemática de la inmigración. De nuevo el dibujo de personajes sólidos, como en L´mour, o The piano teacher.

Aki Kaurismakis, con Toivon tuolla Puolen, será otro de los irreductibles que tendremos que ir a visitar en las salas. El creador de Leningrad Cownboys go American, the man without past o Le Havre, nos propone una historia mínima con un conjunto de seres inexpresivos y comedidos; planos frontales y movimientos lentos...

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