La controversia en la esfinge de Egipto está servida, arqueólogos y eminencias de otros campos no logran ponerse de acuerdo, mientras se mantiene una teoría oficial aceptada que está totalmente desfasada en el siglo XXI. Comenzando por el hecho de que antes de parecer un ser zoomorfo, como la actual esfinge, era una gigantesca escultura de león. Esto se demuestra a simple vista al no estar compensado el tamaño de la cabeza esculpida sobre los restos del colosal león erigido con anterioridad.

Esto es confirmado por la diferencia en la erosión del cuerpo y la cabeza, demostrando que no corresponden a la misma época. También existen marcas de erosión en el cuerpo de la esfinge que ponen de manifiesto su verdadera antigüedad: al ser provocadas por agua y no por viento. Este hecho data la esfinge en un periodo anterior a los 10.000 años de antigüedad, cuando la meseta de Giza era una selva tropical, antes de la última glaciación.

Otro dato que también demuestra el error en la datación de la esfinge se basa en el calendario astrológico. La esfinge apuntaba hacia la constelación de leo hace más de 10.000 años, pero al variar el eje de rotación de la tierra se perdió este efecto cósmico.

En las primeras instantáneas de la esfinge se podía apreciar un agujero en la parte superior de su cabeza. En la estela colocada entre las patas por Tutmosis IV antes de ser faraón, aparecen 2 esfinges que reposan sobre construcciones arquitectónicas, sugiriendo que pudiese haber algo bajo ellas.

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Y en efecto en a principios de los 90 se hizo público el descubrimiento de una entrada por la parte posterior de la esfinge. El descubrimiento encabezado por Zahi Hawass, director del museo del Cairo, llevaba elaborándose desde 1979; donde un anciano obrero que trabajo en la excavación inicial con Emile Barazi en 1926, le contó la ubicación del túnel olvidado. En el periodo de 1979 a 1983 el gobierno egipcio realizó unas obras para rehabilitar la cabeza y se realizaron negligentemente con cemento.

La finalidad inicial del agujero parece obvia: sostener el disco solar imprescindible en cualquier representación zoomorfa egipcia. Este dato se presupone ya que en la reconstrucción del agujero aprecia un color gris muy diferente al del monumento. La marca circular en la mancha gris del cemento sugiere que se haya podido dejar una apertura mediante una especie de arqueta.

La creencia de que debajo de la esfinge pueda haber una supuesta biblioteca milenaria que guarda conocimientos de las civilizaciones pre-diluvianas es tan antigua como las propias pirámides.

Los cronistas árabes del siglo X relataban que había puertas y pasadizos hasta grandes salas llenas de inigualables tesoros. Según el Dr. John Kinnaman (arqueólogo) y Sir Flinders Petrie (egiptólogo), mientras excavaban en la meseta de Gize en 1924 encontraron un túnel. La interminable galería descendente llevaba hasta una gigantesca sala donde se encontraron con maquinaria de desconocido funcionamiento, miles de prismas de cristal, y un dispositivo de anti-gravedad entre otras cosas increíbles.

También el rey Faruk narra una historia en 1945 donde entro a un túnel con un robot que lo custodiaba.

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