Los estudios de geografía y cartografía son tan antiguos como la humanidad misma. Desde que el hombre comenzó a emigrar desde tierras africanas utilizó los elementos geográficos y climáticos para saber qué rutas seguir y en qué áreas asentarse. Posteriormente, todos estos elementos se fueron perfeccionando gracias a los sistemas de carreteras, los nuevos elementos de navegación y, así, hasta el uso del GPS en nuestros días.

La geografía, a su vez, ha servido para avanzar o detener enfrentamientos, conquistas y toda una serie de actos violentos en la historia humana.

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Así, los cántabros conocían perfectamente su espacio geográfico y esto lo usaron de ayuda en su batalla contra el Imperio Romano y, aunque finalmente fueron vencidos, los propios emperadores conocían del sacrificio que les costó dicha victoria. Asimismo, los mapas han servido para el reparto del mundo, desde aquellos tratados de división entre Portugal y España hasta el reparto del África colonial, creando y dibujando nuevas fronteras al albor de los deseos de los gobernantes de turno.

La Tierra desde el espacio
La Tierra desde el espacio

Pero todos estos límites administrativos impuestos por los humanos desde el origen de nuestra civilización, son simplemente meras divisiones humanas. A un oso de la cordillera cantábrica no se le podrá explicar que su fuente de alimentos está en otra región y que no puede cruzar ese límite, así mismo, una trucha que ascienda hacia el inicio del río no sabrá por cual límite municipal está pasando. 

Esta división artificial humana, que sí tiene sentido a la hora de establecer límites culturales o lingüísticos, tiene mayores connotaciones negativas: el reparto de agua en Cisjordania e Israel, las disputas por Cachemira entre dos potencias atómicas, la invasión de Chechenia por parte de Rusia...

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Citando a Miguel López-Alegría, astronauta hispano-norteamericano: "desde el espacio uno no se da cuenta de que no hay fronteras", expresión continuamente repetida por muchos viajeros de la órbita baja. Estamos tan inmiscuidos y metidos en nuestro propio entorno que solo al salir de él y obtener una visión de conjunto nos damos cuenta de lo pequeños que somos y de todos aquellos conflictos artificiales que hemos creado en base a esos límites humanos.

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