Ha llegado el verano, y con el verano llega la calor y esta a su vez trae infinidad de bichos molestos, pero sin lugar a dudas uno de los que se lleva la palma es el mosquito, ese insecto que con su diminuto tamaño nos aterra durante el día y la noche. En mi caso vivo en una zona de regadío con multitud de plantaciones de arroz y de árboles frutales, con ríos, embalses y canales, por lo que sé de primera mano lo que es tener que soportarlos día y noche. Por circunstancias de la vida y de la crisis que nos invade, estoy trabajando en la campaña de frutas de mi tierra y os puedo asegurar que la peor hora que paso es sin lugar a dudas, la que lleva desde las 7 y media de la mañana a las 8 y media más o menos.

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Estás en la recolección de la fruta y nubes de mosquitos invaden nuestro lugar de trabajo, unos compañeros llevan repelente, otros remedios caseros, pero su inquietante zumbido no para de resonar en nuestros oídos. En muchas ocasiones utilizamos remedios químicos de droguerías o farmacias que son eficaces, pero para algunas personas son demasiado caros y no pueden permitírselo, por ello os daré algunos remedios caseros que pueden ser tan útiles como los que se compran. Un remedio que he utilizado y es efectivo es el vinagre de vino de toda la vida, he llenado un pulverizador con el vinagre y he rociado las partes al descubierto, y os aseguro que es eficaz, eso sí, olerás a vinagre hasta que llegues a la ducha.

Otro medio eficaz puede ser preparar un té con limón concentrado y mezclarlo con más limones, entras esa mezcla en un pulverizador y seguidamente rocías la ropa, te echas en brazos, piernas y lugares al descubierto de tu piel, es uno de los mejores repelentes. Otros olores que no soportan los mosquitos son el eucalipto, el romero, la lavanda y la albahaca. Procurad además no llevar ropa con colores chillones pues estos colores los atraen y como utilicéis colonias dulzonas, seréis pasto de mosquitos en cuanto salgáis a la calle.

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Yo os digo que desde que uso el vinagre por la mañana, los veo revolotear a mi alrededor pero ninguno se acerca a picarme, eso sí, de vez en cuando alguno se entra en mi oreja y escucho su inquietante zumbido.