Unas rocas en precario equilibrio han obligado a los expertos a replantearse la historia de los terremotos en la región sur de Israel. Se trata de unas moles de piedra ubicadas en pleno desierto de Néguev que se sustentan sobre frágiles puntos de apoyo. De este modo, se convierten en elementos ideales para medir las magnitudes sísmicas de forma natural, ya que cuando a la tierra le dar por temblar, estos peñascos se derrumban fácilmente.

Un grupo de científicos que ha colaborado durante años con los investigadores locales que trabajan en el Valle de Timna, una zona de alto valor arqueológico situada en el Néguev, a unos 30 kilómetros de Eilat, la ciudad más meridional del país, ha logrado arrojar luz sobre la memoria sísmica de Israel.

La historia sísmica de Israel, menos intensa de lo que se calculaba

Han descubierto que los seísmos que han sacudido la región en los últimos 1.300 años tuvieron en realidad menor magnitud de la que en un principio se calculaba.

Según informa esta semana el portal especializado 'Earth & Space Science News', para llevar a cabo este curioso estudio, los expertos han observado las mencionadas formaciones rocosas en precario equilibrio y estas les han servido de efectivos sismómetros a la hora de de medir la intensidad de los movimientos terúlicos.

Desde el año 2015 y hasta 2018, los científicos se han encontrado en el desierto con unas 80 de estas piedras calizas débilmente sostenidas en un área aproximada de 50 por 70 kilómetros.

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Historias

La más alta de estas rocas es un pilar vertical de más de 40 metros de alzada que a duras penas permanece conectada a su base debido a la erosión irregular que ha ido sufriendo.

Su antigüedad se ha podido conocer gracias a la llamada técnica de la luminiscencia ópticamente estimulada, un método que permite cuantificar el tiempo que los granos de cuarzo que el viento arrastra hasta la abertura que hay entre los peñascos y el suelo han estado expuestos al sol.

Los investigadores se ha llevado 'una sorpresa agradable'

Luego, los geólogos han aplicado diferentes modelos de sacudidas para limitar la magnitud de antiguos terremotos de los que se tiene conocimiento por los registros arqueológicos. Una de la conclusiones más sorprendentes a la que han llegado es que el seísmo más potente que afectó al Néguev durante el milenio pasado no superó los 5,0 grados.

Los resultados de esta investigación se han presentado en la reunión anual de la Unión Europea de Geociencias. "Es una sorpresa agradable", ha asegurado Yaron Finzi, uno de los autores del estudio, en referencia al hecho de que la historia sísmica de Israel sea en realidad menos intensa de lo que se pensaba.

El desierto del Néguev ocupa un área de unos 13.000 kilómetros cuadrado y tiene forma de triángulo invertido.

Se trata en muchos aspectos de un lugar inhóspito, con temperaturas próximas a los 50 grados, con presencia de páramos pizarrosos y cañadas y cañones arrasados por la erosión.

La técnica aplicada allí también se ha utilizado para estudiar áreas sísmicamente activas en Estados Unidos y Nueva Zelanda. Su presencia puede ayudar a establecer límites máximos en las estimaciones de temblores y terremotos.

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