Cada vez más personas en el mundo acuden a la conservación del cuerpo al momento de fallecer, mediante técnicas de criogenia o congelamiento a baja temperatura en nitrógeno líquido, con miras a ser resucitadas, o devueltas a la vida, para someterse a la cura de la enfermedad que ocasionó la muerte. La cifra va en aumento, a pesar de los elevados costos de los procedimientos y la esperanza sin certeza de que en un futuro sea posible esta ilusión, que venden algunas empresas especializadas estadounidenses, rusas, chinas y españolas.

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La criogenización, inútil para cuerpos humanos

La criopreservación se ha utilizado con éxito en laboratorios para conservar organismos vivos en letargo, como espermatozoides, embriones, óvulos y células, para realizar diferentes tipos de tratamiento. Pero preservar cuerpos sin vida o parte de ellos, a los que se les extrae y remplaza los fluidos vitales por compuestos químicos, no augura su resurrección, pues hasta ahora para la ciencia esto está lejos de convertirse en un triunfo, a pesar de que hay investigadores inclinados a pensar que llegará la hora de lograrlo, vencer la muerte y recuperar el aliento perdido.

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La criogenia ha sido abordada por científicos y expertos, como quimera y también utopía. Mirando hacia el futuro su perspectiva es quimérica, teniendo en cuenta que la cristalización por efecto del enfriamiento daña los tejidos, de hecho afectados por la muerte; y las sustancias anticongelantes que se emplean para efectuar el vitrificado que protege los cuerpos de ese daño, son tóxicas para los seres vivos.

Por demás, las técnicas aplicadas para elevar la temperatura y reanimar el organismo, no reactivan las células, ni recuperan la funcionalidad, la memoria y las capacidades físicas y mentales.

Pero si fuese una utopía y se hiciera realidad en unos años, con los avances científicos y tecnológicos de la biomedicina y otras disciplinas complementarias, habría que enfrentar las consecuencias sociales y las repercusiones demográficas, económicas, políticas y jurídicas, además del debate ético que generaría el regreso a la vida de aquellos que fueron criopreservados íntegros.

También la clonación de quienes eligieron la opción de preservar solo el cerebro o la cabeza, para remplazar el resto de sus humanidades con troncos y extremidades recién creadas.

La utópica resurrección plantearía problemas éticos

Por otra parte, la resurrección de los cuerpos, plantearía enormes polémicas respecto al espíritu y el alma humanos. Asimismo, indagaciones sobre la personalidad y condiciones psíquicas y emocionales del sujeto.

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En otros ámbitos, el volver a existir, implicaría considerar la reinserción ciudadana de la persona en el orden civil, puesto que el acta de defunción la dejó sin identidad. La subsistencia económica y los servicios de salud que demandará, e igualmente los cuidados que requerirá, debido a que hay niños, ancianos y fallecidos por enfermedades, entre los cadáveres criogenizados.

La lucha por conseguir prolongar la vida después de la muerte, continuará con el aval e impulso de sus partidarios y pese al escepticismo y las críticas de sus oponentes.

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Sea que la criogenia permita alcanzar esta promesa futurista que cuenta con un nicho en un mercado creciente, o que termine por no poder cruzar las fronteras de lo posible. La historia de este sueño no acabará ahí, porque ya hay propuestas para persistir en el propósito acudiendo a la inteligencia artificial y la biotecnología cibernética, que inclusive apuntan más allá, van por la inmortalidad.

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