María Sibylla Merian nació en Alemania en 1647, hija de Matthäus Merian, grabador en talla dulce y de Johanna Sibylla Heim. Su madre quedó viuda cuando ella solo tenía tres años y esta se volvió a casar con el pintor Jacob Marrel, de quien más tarde aprendió a dibujar, grabar y pintar.

Una curiosidad convertida en arte

Lo que para la Iglesia eran animales nacidos del fango, del pecado, opinión que fue perpetuaba desde que Aristóteles la lanzara a los cuatro vientos, los insectos eran para ella vidas extraordinarias, dignas de ser observadas y estudiadas. De este interés tan peculiar para una joven del siglo XVII, fue como nació una de las pioneras de la entomología, parte de la zoología que trata a los insectos y que a ella le fascinaba.

Trabajo de campo y pincel

Ya con solo trece años su vocación le lleva a salir al campo, observar, capturar y después llevar a láminas o papel, plantas, flores e insectos en sus distintas etapas. Y de lo que parecía un simple pasatiempo, la chica dedicó toda su vida a su estudio.

Comunes en su ciudad local eran los gusanos de seda, a los que dedicó sus primeros estudios, desembocando todo ello en la creación de su libro La oruga, maravillosa transformación y extraña alimentación floral.

Vida familiar y trabajo

María Sibylla contrajo matrimonio con un pintor especializado en arquitectura llamado Johann Andreas Graff con quien tuvo dos hijas, Johanna Helena y Dorothea María (quienes también serían pintoras de láminas botánicas).

Entre enamoramiento, boda y partos, pudo conciliar María su faceta como madre, esposa y ama de casa con sus dibujos e investigaciones plasmadas en su libreta de bocetos que más tarde materializó en sus libros.

Adelantada a su tiempo

En 1685 María Sibylla se separó de su marido, pero lo curioso es que (aunque el hecho de separarse ya era un atrevimiento para la época) no se quedó en casa como hubiera sido lo corriente, sino que se fue a vivir al castillo de Waltha, en Holanda, para pertenecer a una comuna pietista luterana, o lo que es decir, formar parte de un grupo de personas dedicadas al estudio y la lectura de las Sagradas Escrituras.

Casualmente el castillo pertenecía al gobernador de Surinam, país hispano americano que visitaría más adelante, totalmente enamorada de la fauna y flora tropical que ya existía como muestra en los jardines del castillo y que por supuesto, estudió con total dedicación.

Cruzar el océano Atlántico

Pensar en abandonar su país natal para internarse en un país tropical, hizo que todos sus conocidos la miraron como si en verdad hubiera perdido la cabeza. Pero nada hubo que desistiera de su empeño y allí que se plantó, dispuesta a estudiar las especies autóctonas del país americano.

Acompañada de una de sus hijas, pasó un tiempo enfrascada en sus estudios hasta que se contagió de malaria y tuvo que regresar a Amsterdam.

Legado

Pese a que la enfermedad la hizo regresar a Holanda, antes seguramente de lo que ella hubiera querido, su trabajo allí fue extenso y de considerable magnitud. Se publica en 1705 en la capital holandesa Metamorfosis de los insectos del Surinam, un completo estudio que ella se encarga de editar con esmero, utilizando el mejor papel y el mejor maestro para hacer los grabados.

No escatimó en gastos en la publicación de un libro de coste elevado y difícil venta que ella compensó dando clases de pintura para ganarse la vida. Tuvo la originalidad de escribir sus libros en alemán cuando lo normal era utilizar el latín por lo que se atrajo la admiración de la alta sociedad y la repulsa de los científicos que no justificaron la ocurrencia de María.

Reconocimiento

Fue su labor de gran importancia pues hizo la primera clasificación de todos los insectos con crisálida y también la de otros como moscas, orugas o gusanos, con todo lujo de detalle.

María Sibylla murió en 1717 y durante mucho tiempo fue ignorada, aunque para finales del siglo XX fue merecidamente reconocida como una de las más importantes precursoras de la entomología moderna. Como reconocimiento público, el rostro de María fue plasmado en los billetes de 500 marcos alemanes, además de bautizar varias escuelas con su nombre o aparecer en los sellos de correos.