Un siluro de casi dos metros y de unos 100 kilos de peso fue visto en aguas cercanas a la Presa de Alcalá del Río, en la provincia de Sevilla, según han alertado los ecologistas en Acción de Andalucía en Twitter sobre la invasión de este pez y sus daños en el ecosistema. Además de este ejemplar, las autoridades también confirmaron la captura de otros sirulos en el embalse de Iznájar (Córdoba) como en el pantano del Gergal (Sevilla).

El siluro es un pez depredador originario de Europa central pero que se ha extendido de forma artificial en España, Italia y Kazajistán, llegando a sobrepasar los 30 años de edad.

Su tamaño máximo son los 2,5 metros y un peso de 180 kilos, su carne suele consumirse en gran parte del mundo, pero en España no se ha podido aprobar debido a que se comprobó que contenían una elevada cantidad de mercurio.

Según informa el grupo ecologista, puede alimentarse no solo de peces, sino que puede llegar a comer mamíferos de menor tamaño y aves acuáticas (muchas en peligro de extinción). Su proliferación se debe a que fue introducido en muchas ocasiones por pescadores deportivos, llegando a poner en peligro a las especies autóctonas de la zona que sirven como presas del sirulo.

La fauna local está en peligro

Esta especie de pez pone el peligro a una gran cantidad de Animales y al mismo ecosistema, formando parte del catálogo español de especies exóticas invasoras desde del año 2013, donde se encuentran otros 20 peces que fueron introducidos de forma ilícita y que ponen en peligro a otras especies autóctonas.

Otros animales que aparecen en la lista de especies exóticas invasoras son el pez gato, el lucio y el alburno.

Entre las medidas para detener el avance del siluro se encuentran el aislamiento del resto de la fauna y la prohibición de la pesca deportiva en las áreas donde habita. Para el grupo ecologista es de vital importancia proteger el Bajo Guadalquivir para preservar tanto la economía como la ecología de Andalucía.

Los pescadores deportivos se oponen

Sin embargo, muchos se muestran contrarios a la prohibición de la pesca del siluro, entre ellos están los pescadores deportivos que se oponen a seguir lo estipulado en Ley de Biodiversidad y Patrimonio Natural, la cual dicta que si se llega a encontrar a uno de estos ejemplares, debe ser cazado y aniquilado, además de prohibir su pesca para evitar su proliferación.

Los pescadores basan su recamo en que esta medida ha provocado la disminución de pescadores deportivos, muchos de estos provenientes del centro de Europa, y por ende se ha visto afectada la economía de muchas personas, reduciéndose las reservas turísticas, así como la venta de embarcaciones.

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