Al iniciarse el confinamiento, los grupos de científicos encargados de estudiar el clima quedaron horrorizados por la tragedia que estaba empezando a causar el Coronavirus, pero también se sintieron intrigados por lo que catalogaron como un ‘experimento involuntario’ a escala global. Comenzaron a surgir interrogantes, sobre de qué manera el sistema terrestre iba a responder a la mayor desaceleración humana que ha vivido el planeta, desde la Segunda Guerra Mundial.

Mientras tanto, los ecologistas también se preguntaron cuánto podrían ayudar las medidas sanitarias de confinamiento a salvar el planeta.

Pero, tras un año de la pandemia de coronavirus, la respuesta a esta inquietud no ha sido muy halagadora, porque en realidad el confinamiento no ha ayudado mucho, al menos, no lo suficiente.

La poca actividad humana por la pandemia da un respiro a la naturaleza

Al respecto, algunos analistas consideran que la pandemia puede haber empeorado algunas de las problemáticas medio ambientales ya existentes. Sin embargo, consideran que aún es posible obtener algo positivo, siempre y cuando los Gobiernos generen una recuperación verde, dentro de sus planes de estímulos. Durante la pasada temporada primaveral, período durante el cual las restricciones por la pandemia de coronavirus fueron más duras, la huella del hombre en el planeta disminuyó drásticamente, alcanzando niveles históricos no registrados desde hace décadas.

La inactividad en muchos países ha reducido las emisiones contaminantes a la atmósfera

Por ejemplo, los vuelos aéreos descendieron a la mitad en muchas naciones. Tan solo en el Reino Unido los niveles de tráfico automotor cayeron en más de un 70%. Mientras, en China, el país que más emisiones de carbono produce a nivel mundial, las emisiones industriales contaminantes descendieron en un 18%, durante los meses de febrero y marzo, es decir, el equivalente a una reducción de, al menos, 250 millones de toneladas.

Y en Estados Unidos la situación fue similar, tras un descenso del 40% en el uso de automóviles.

La pandemia de coronavirus ha hecho que el impacto de la humanidad sobre el planeta haya sido tan leve que equipos de sismólogos lograron detectar que las vibraciones del ‘ruido cultural’, que se relaciona con la actividad de las personas, fueron mucho más bajas que las que existían antes de haberse anunciado la pandemia de COVID-19.

El confinamiento por la pandemia ha permitido recuperar un poco la naturaleza

Sin embargo, los especialistas consideran que para el planeta, el respiro ha sido muy corto, pero ha permitido vislumbrar la forma de cómo se vería el mundo sin la presencia de combustibles fósiles y con mucho más espacio para toda la naturaleza. Varias imágenes insólitas inundaron las redes sociales el año pasado, tras meses de inactividad en muchas naciones.

Destaca, por ejemplo, la foto de ovejas en un patio solitario de recreo en una escuela situada en Monmouthshire, en Gales. Y los grandes coyotes en el Golden Gate de la ciudad de San Francisco, en el estado de California y los ciervos que fueron captados cuando pastaban en las cercanías de la Casa Blanca. Sin duda, la pandemia ha dejado un cambio en la naturaleza, ahora crecen más flores silvestres a los bordes de las carreteras, simplemente porque se cortan con poca frecuencia.

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