Una actriz gallega ha demostrado que el mundo de las influencers en las redes sociales es completamente mentira. Almudena Ripamonti, una actriz coruñesa, ha demostrado la teoría de las influencers y su peso en el mundo de la moda tras convertirse en un reclamo para varias firmas de moda tras comprar miles de seguidores... falsos.

Actualmente, en su cuenta de Instagram (que es privada) tiene una cifra cercana a los 66.000 seguidores.

Una cifra envidiable para una actriz que recuerda como hace solo tres años, en los castings, tenían más en cuenta la cantidad de seguidores que tenías en las redes sociales que tus capacidades interpretativas.

Pero, en el año 2017, la joven recibió un proyecto de mano de la agencia Human to Human (H2H). El proyecto tenía el nombre de Sirena y no pudo rechazarlo. El proyecto tenía como objetivo que la joven gallega, gracias a sus capacidades interpretativas, pudiera engañar tanto a las marcas comerciales como al público en general y, de esta forma, evidenciar que el mundo de las influencers es totalmente falso, un invento más.

Solo necesitaron cuatro meses para demostrar que todo lo que habían vendido como de color rosa, en realidad, era gris y falso

La agencia H2H creó un algoritmo que fue capaz de demostrar lo que hacía tiempo se venía sospechando: la mayor parte de los influencers comprar seguidores y likes para ganar popularidad y peso en el mundo del marketing. Esto perjudica seriamente a las empresas que deciden apostar por ellos en sus campañas publicitaria, ya que, estas personas han inflado sus cuentas, con lo que la inversión no va a obtener los resultados deseados.

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A partir de ello, iniciaron una operación que grabaron en el documental “El gran fraude de los influencers” y que refleja lo que descubrieron en tan solo nueve minutos de metraje.

Almudena explica que se creó una cuenta nueva en Instagram, borró la antigua, aprendió a posar como hacen las influencers y empezó a comprar bots árabes que, al cambio, son mucho más económicos que los españoles. Así, Almudena no tardó en lograr los primeros 10.000 seguidores de su cuenta – eso sí, en las fotografías salía con una cuidada selección de prendas que devolvía al terminar la sesión- y no tardó mucho en recibir regalos de marcas de cosméticos o de moda, incluso, algunas se mostraban interesadas en invitarla a algún evento patrocinado.

Según iba creciendo en seguidores, las marcas que se ponían en contacto con ella eran cada vez más importantes

Si un influencer no engaña y su número de seguidores que tiene es real, su capacidad de impacto entre sus followers puede ser brutal y se podría crear una estrategia de marketing increíble; pero, por desgracia, son muy pocos los influencers que no tiran por el camino fácil y comprar sus seguidores.

Lo que ha sorprendido de esta investigación es que empresas de renombre y de tradición conservadora que no dan explicaciones a los medios de comunicación de cómo organizan sus campañas de marketing, no comprueban si los candidatos que eligen para promocionar sus productos son fiables o no. A la hora de engañar los resultados se pueden comprar seguidores, comentarios como “¡Qué guapa!” o aumentar el número de visualizaciones de los stories.

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