Mediaset está decidida a sacar el máximo provecho a la serie sobre las vivencias de Rocío Carrasco. La serie, originalmente anunciada en ocho capítulos, ahora será de doce, Como estaba anunciado, a las 22 y presentado por Carlota Corredera al puesto ocupado la semana pasada por Jorge Javier Vázquez, Telecinco lanzó los esperados episodios del docureality 'Rocío: contar la verdad para seguir viva'.

En un mensaje, Rocío Carrasco agradece el apoyo y confiesa que se siente ‘desbordada’

Pero antes, un corto comunicado de la protagonista. Carlota Corredera anuncia un mensaje al programa por parte Rocío Carrasco, para agradecer todo el apoyo recibido: “Hola soy Rocío y quería mandaros este mensaje.

Es para deciros que estoy bien, que estoy aquí en mi casa con los míos. Estoy un pelín desbordada por todo lo que acontecido esta semana pero al mismo tiempo estoy tranquila y estoy serena”.

En ellos, Rocío Carrasco contó con lujo de detalles cómo vivió los primeros tiempos de su matrimonio con Antonio David Flores y sus dos embarazos, momentos cargados de trágicos claroscuros. Empezando incluso por el bofetón que Rocío recibió de su padre Pedro Carrasco cuando ella le contó de su embarazo de tres meses: "Te lo dije, te ha arruinado la vida", la visión de la Jurado, que desde su camerino le preguntó a quemarropa si "estaba preñada" y el miedo de Antonio David a su propia famila para darles la novedad: Rocío estaba de buena esperanza de una niña, "otra Rocío para la familia".

Pero sin duda, la parte más dura para Rocío fue el descubrimiento de la primera infidelidad por parte de su esposo, en pleno de su segundo embarazo. La experiencia de su primera gravidez la recuerda como una época muy dichosa: "Yo estaba muy gorda, pero muy feliz. Comía de todo. Estaba todo el día en la nevera”. La Jurado le aseguraba que por la forma de la barriga, sería una niña.

Para ese entonces, Rocío retrata a Antonio David Flores como "un buen padre": "con la niña, era locura", afirma, y decía "hasta que me separé me pareció un muy buen padre". Pero sin duda, el peor momento lo vivió en el segundo embarazo, durante las vacaciones de Chipiona, cuando la pareja acostumbraba a salir a una discoteca del pueblo todas las noches.

Rocío percibió que algo no andaba bien con su marido y notó cierta complicidad con una camarera llamada Sonsoles.

Pero lo que para muchos y para ella misma ya era un secreto a voces, se transformó en una lacerante realidad cuando la verdad se presentó de la peor manera ante sus ojos: “Lo pillé besándose con la chica tras la barra” de la discoteca a la que asistían.

Las agresiones y una decisión sin retorno

En su huida, Rocío cuenta que comenzó a sentir pinchazos en la barriga, y que su marido no se conmovió con la situación, pero la aprovechó para atacarla más a fondo, para hacerle sentir que el embarazo le estaba “afectando la cabeza” y hacerle creer que estaba loca, que todo lo que ella había visto “no era real”.

Ese día, y mientras estaba sola y llorando en su cuarto, escuchaba la gente que con sorna decía “eres una cierva embarazada”, mientras pasaban bajo su ventana. Ese mismo día es tomó una decisión definitiva: separarse.