Los escoltas que se encargan de la seguridad de la hermana del Rey Felipe VI han dejado claro que la Infanta Elena no ha cambiado su día a día, por culpa de la cuarentena. Incluso, estuvo saliendo hasta el último momento y disfrutó de una jornada de cacería, mientras el país ya estaba preocupado por la expansión del COVID-19.

Los trabajadores no dudan en denunciar, que no se ha prescindido de ninguno de ellos (son un total de veinte) e, incluso, se les manda ir a recoger calzados a la Zarzuela, en medio de la crisis sanitaria por el Coronavirus.

Actualmente, la Infanta Elena tiene veinte escoltas a su servicio

El personal de seguridad de la Casa Real y los escoltas, que siguen los pasos de los miembros de la Familia Real, han decidido romper su tradicional silencio para denunciar que están viviendo una situación precaria, debido a la crisis del COVID-19.

En este caso, no son el personal que se encarga de la seguridad de los actuales reyes, Felipe VI y Letizia, sino los que se encargan de la seguridad de las Infantas, Elena y Cristina, las hermanas mayores del monarca. Ante la falta de medios para protegerse del temido virus COVID-19, denuncian que el aislamiento en sus casas de las hijas de Rey emérito Juan Carlos I les ha convertido en una especie de trabajadores del servicio doméstico y tienen que realizar funciones tan innecesarias, como ir a buscar una pizza a un determinado restaurante o ir a recoger calzado a Zarzuela.

En un artículo publicado por Vanitatis, los escoltas han decidido denunciar que están viviendo muchos momentos con esta parte de la Familia Real, incluso provocando situaciones complicadas, pero ahora están poniendo en riesgo su salud, sus propias vidas.

Los escoltas están haciendo las mismas funciones previas a la crisis del COVID-19

Hoy en día, los escoltas estarían realizando las mismas funciones, con los mismos horarios y en los mismos sitios, sin ningún tipo de protección, ya que apenas cuentan con material para protegerse y el primero les llegó este martes.

Señalan que pidieron a sus superiores, que les protegieran y lo único que han logrado, y a cuenta gotas, es algún gel, algunas mascarillas y unas contadas cajas de guantes.

En el caso de la Infanta Elena, sus escoltas aseguran que fue su padre, el Rey emérito Juan Carlos I, el que le pidió que se quedase en casa, ya que estuvo saliendo hasta el último momento, incluso, llegó a irse a una cacería y los escoltas han sido los responsables, las que se ocupan de sus gestiones personales.

En estos momentos, Elena posee un servicio de unos veinte escoltas, de los cuáles entre cuatro y seis están en la puerta de su viviendas durante las 24 horas. Los demás, siguen su vehículo o la persiguen por la calle; pero, en estos momentos, se encuentran en una habitación de tan solo diez m², con un único sofá y un televisión esperando órdenes.

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