Todavía no sabemos con exactitud cuál es la fecha que está marcada en el calendario para que Khloé salga oficialmente de cuentas. La celebrity se ha encargado de mantener muy al tanto a todos sus seguidores contándoles numerosos detalles sobre su embarazo y compartiendo consejos, trucos y miedos personales. Ahora, a pocos días para dar la bienvenida al último miembro del clan Kardashian-Jenner, Khloé ha confesado algunos de los datos más íntimos.

Mudarse con Tristan a Cleveland ha sido una de sus mejores decisiones

Después de consolidar su relación, Khloé se mudó a Cleveland para estar el mayor tiempo posible junto a su pareja; el baloncestista, Tristan Thompson.

En un principio era una muestra de amor que la celebrity quería hacer por su chico, pero aquel esfuerzo se ha convertido hoy en una de sus mejores decisiones, sobre todo ahora que se encuentra en la recta final de su embarazo. Según han confirmado fuentes cercanas, el hecho de que ella esté en Cleveland es muy favorable para su estado. Puede caminar tranquilamente por la calle sin estar continuamente perseguida por varios paparazzis. En Cleveland nadie la atosiga y eso le permite estar mucho más relajada y mantener al bebé libre de cualquier estrés.

Además, desde que anunció su embarazo, dejó muy claro que quería que su futuro bebé naciese allí, lo más cerca posible de su padre.

Khloé ha decidido comerse su propia placenta

Esta decisión se ha convertido en algo muy común entre las celebridades. Según los expertos, los beneficios de ingerir la placenta son muy positivos para la recuperación de las madres. Así que Khloé ha querido sumarse al carro y así lo hizo saber a través de uno de los episodios del programa Keeping Up With the Kardashians.

Además, no olvidemos que su hermana mayor, Kim Kardashian, ya lo hizo en el año 2015 e incluso cocinó para toda su familia una placenta de animal, como una especie de broma pesada.

Existen diferentes maneras de comer la placenta pero, entre ellas, Kim eligió ponerse en contacto con Joni Lucarelli, un experto que se ha encargado de convertir en cápsulas más de 500 placentas de mujeres, algunas de las cuáles son también muy conocidas públicamente.

Una placenta puede ser convertida en 100 o 200 cápsulas y el precio de esta práctica es de unos 275 dólares aproximadamente. Al menos es bastante menos 'traumático' que ingerirla totalmente cruda, como también se ha acostumbrado a hacer.