Antecedentes

El cuarto episodio de la temporada actual ha sido aclamado por muchos como el mejor hasta la fecha de esta temporada [VIDEO], desde que el pasado día 17 de julio se estrenó la nueva sesión, que tendrá sólo siete, como sabemos. Ciertamente, la Batalla de Camino de las Rosas, como podríamos llamarla, nos mostró la fuerza de una carga dothraki, el caos que son capaces de sembrar en el enemigo, por muy poderoso que resulte; así como el pavor y la destrucción que un solo dragón puede causar. No es menos cierto que se trata del dragón más terrorífico de los tres, pero los demás no resultan cachorritos mimosos. Así que no cuesta imaginarse lo que tres bestias hermosas serían capaces de llevar a cabo conjuntamente.

Las piedras se licuarían. El acero se haría ceniza.

El ejército Lannister cumple su cometido, que no era otro que saquear Altojardín y llevar todo su oro a Desembarco del Rey. Pero la retaguardia fue barrida como niños peleando contra un elefante. No quedó ni rastro de ellos. Fueron reducidos a polvo, literalmente. Apenas unas decenas sobrevivieron. Incluso su comandante, Jaime Lannister, estuvo en un tris de convertirse en una antorcha.

La trama Lannister

Jaime logra sobrevivir porque lo rescata Bronn en el último momento. Juntos caen al agua. Aunque todos pensamos que Jaime debería hundirse irremediablemente y ahogarse, porque su armadura y su mano de oro le impedirían nadar, Bronn logra subirlo a la superficie. El mercenario venido a más, pragmático y franco, le confiesa que ha decidido abandonar el barco Lannister; prevé que se irá a pique en breve plazo, y no piensa acompañarlo al fondo del abismo.

Jaime no se enoja; de alguien como Bronn es lo único que se puede esperar.

El comandante no necesita que le digan que no pueden ganar la guerra; lo sabe también, aunque no puede huir. Cada día que pasa, Jaime está más reflexivo y más desesperado.

Esta escena entre Jaime y Bronn tiene el efecto de un bálsamo calmante pero de regusto amargo. Todos suponemos que ambos seguirán caminos distintos, pero también es posible que mueran juntos. Son tan diferentes que, en el fondo, se complementan. Mientras que el mercenario es un hombre que va desde la ambición sin lealtad hasta la impostada indiferencia, el caballero ha recorrido un largo camino desde la altiva vanidad hasta la angustiada moralidad. No pueden ser más diferentes y, sin embargo, más parecidos.

El caso de Jaime es peligroso. La fidelidad a Cersei, cada día más su amante y menos su hermana, lo arrastra a un servilismo que lo hace sentirse culpable, encerrado en una red de intrigas que no entiende. Cada día Cersei es más dominante, y se muestra más agresiva.

El soldado llega a sentir pavor ante ella. Se da cuenta de que la rabia y el odio que lleva dentro no tendrán otro fin que la destrucción. Está dispuesta a morir matando, no piensa rendirse de ninguna forma, ni quiere paz alguna.

Hay algo en Cersei que resulta cautivador y al mismo tiempo aterrador. Al parecer los responsables de HBO habían adelantado que veríamos en Euron a un malvado aún más impactante que Ramsay Bolton. A la vista de los hechos mostrados hasta ahora, el verdadero malvado de la séptima temporada no es otro que Cersei. Supera en muchos cuerpos a cualquier otro. Es un ser político por naturaleza: objetiva, práctica, astuta y decidida. Ni siquiera la sangre la detiene. Quien no está con ella, está contra ella. No hay término medio. Conoce el lenguaje del marketing político y domina la teatralidad necesaria para imponer una imagen. Ya no respeta la opinión pública, y está preparada para faltar a su palabra, incluso para engañar a sus amigos, sin temer las consecuencias.

Quizás esta sea la razón de la verdadera desgracia de la Casa Lannister. Después de este capítulo nos queda claro que los Lannister ya no existen. Su hogar ancestral ha sido conquistado, cosa que en ninguna pesadilla de Tywin habría podido suceder. Pero sobre todo, Cersei ya no lucha por su familia, sino sólo por el poder y la Corona, sin la cual no concibe la vida. Su familia le es indiferente. Llega a considerar a su hijo Tommen como un traidor, por amar a una Tyrell. Incluso aunque Cersei gane la guerra, esta Casa tiene los días contados.

¿Quién quedará para continuar el legado de la Casa? Además, cuando una Casa se asocia de forma tan directa e inmediata con el trono, una vez destronada, la Casa desaparece.

No obstante, se nos anuncia una noticia cuanto menos sorprendente: Cersei está embarazada. Aparentemente de Jaime, a quien se lo comunica al mismo tiempo que lo amenaza con matarlo si "vuelve a traicionarla". Esta "traición" de la que habla Cersei no es ni más ni menos que algo que andábamos esperando que se produjera: la reunión entre hermanos Lannister, Tyrion y Jaime, auspiciada por Bronn.

Rocadragón. Dos Reyes

A los fanáticos de la faceta política de Juego de Tronos, incluso maquiavélica, siempre les gustará hablar de los Lannister. Éstos son sólo la parte más astuta y rabiosa del conflicto. Parecen siempre molestos por algo, siempre en guardia. Quizás por eso vemos tantas veces a Tyrion en esta temporada con esa cara de dolor, de angustia... es un león entre dragones. Es un depredador que puede ser devorado al menor movimiento.

La Madre de Dragones nos da mucho que pensar en este capítulo. Vencida la retaguardia Lannister, calcinados sus enemigos por esa fuerza incontenible y vertiginosa que es Drogon, se muestra poco magnánima ante los supervivientes. Doblar la rodilla o morir en un remolino de fuego de dragón son sus opciones.

Su determinación aterra a sus propios consejeros. Varys y Tyrion conversan después en Rocadragón sobre la posibilidad de que un nuevo Aerys se siente en el Trono de Hierro; temen ese hado maligno que parece perseguir a los Targaryen (cuando un Targaryen nace, los dioses lanzan al aire una moneda...). Se proponen hablar con ella a la menor oportunidad. Cierto es que los prisioneros tenían la posibilidad de elegir, que es mucho más de lo que otros les habrían dado. Pero hay algo que chirría en todo esto... no es la Daenerys que conocían, que podía ser cruel, pero también misericordiosa, con más frecuencia.

Obviamente, después de que los Tarly sean convertidos en polvo de gusanos, el resto de Lannister no pierde el tiempo para arrodillarse. Una pena para Drogon, que parecía hambriento.

Mientras que Robert Baratheon era capaz de convertir a sus enemigos en amigos, y ganarse sus lealtades, mostrándose cercano, simpático e incluso confiado, Daenerys es dura como el acero y apuesta por romperse antes que doblarse. Ha venido a reinar y siente una tentación irresistible por mostrar su tremebunda fuerza militar a la menor ocasión. Sólo hay una persona a la que ha consentido no doblar la rodilla a pesar de sus insistentes órdenes: Jon Nieve. O al menos eso creemos, porque no se nos mostró lo que ocurrió en la mina de vidriagón. Quizás allí el Rey en el Norte decidiera dejar a un lado su orgullo.

Quizás este sea el punto en que Daenerys comprende que no puede pretender reinar a base de espetón y barbacoa, y que es más fácil, útil y humanitario hacerlo a base de lealtades ganadas en la justicia y la bondad. Se lo ha enseñado un tipo hosco, casi compungido, aterrado ante la tarea que tiene por delante, pero decidido y sacrificado: Jon Nieve, el Bastardo de Invernalia.

No queremos pasar por alto la vuelta de ser Jorah Mormont. Quizás pocos momentos eran tan esperados como éste. Algunos soñaban con un beso, una escenita de lagrimones. Es cierto que la escena tiene esa emoción del regreso inesperado del amigo que creíamos muerto (Daenerys lo creía), pero también la tensión, la desazón, de Jorah al comprobar que su amada reina sigue siendo sólo eso, su reina, y que nunca será su mujer. Ahora menos que nunca, porque ser Jorah se da cuenta enseguida de que Daenerys siente algo por Jon. Entonces es cuando decide llevar a cabo la mayor de sus tareas, cuando decide inmolarse: se une a la expedición más allá del Muro.

Un detalle inadvertido por Sam

En la Ciudadela, Sam asiste como sirviente a una reunión del Consejo de archimaestres. Discuten sobre un mensaje recibido de Invernalia, acerca del ejército de muertos que está a las puertas del Muro. Lo creen una treta para apartar a los ejércitos de Cersei de la guerra en el sur. Sorprende que los archimaestres se preocupen por el éxito de Cersei. Echándole valor, Sam se permite intervenir para defender la verdad del mensaje: él ha visto al ejército de muertos y ha matado a un Caminante.

Los maestres prometen seguir indagando. Pero cuando Sam sale del consejo, comentan entre ellos la oportunidad de comunicarle a Sam que su padre y su hermano han muerto a manos de Daenerys. Él será el último en enterarse. ¿Qué hará cuando lo sepa?

Ya en sus habitaciones, Sam transcribe lentamente viejos manuscritos mientras Gilly aprende a leer. Ella le cuenta lo que está leyendo en un polvoriento tomo. Y entre las muchas cosas que va relatando, está la anulación del matrimonio del príncipe Rhaegar y su nuevo casamiento con otra mujer. Así, de pasada, se nos está contando que el príncipe Rhaegar anuló su matrimonio con Elia de Dorne y se casó con Lyanna Stark.

¡Es la confirmación definitiva de la legitimidad real de Jon Nieve, que resultar ser, por línea directa, el verdadero heredero Targaryen! Esta es la prueba que los lectores llevan años esperando. Es la prueba que los espectadores anhelaban. Y se nos ha contado así, casi sin querer... Tanto es así, que el propio Sam no cae en la cuenta de lo que Gilly le está contando, porque está ensimismado en sus pensamientos sobre la Larga Noche y los Caminantes.

Esta es la escena que completa la de la Torre de la Alegría. Jon Nieve es el heredero al trono. Su tío (no padre) Ned Stark lo protege y miente sobre su verdadero origen por miedo a Robert Baratheon. Lo hace pasar por su hijo bastardo y busca un refugio para él en el Muro. Su destino, no obstante, lo ha convertido en Rey en el Norte y lo ha puesto frente a los dragones. Cuando Drogon lo ve, se acerca a él, se detiene y se deja acariciar. Es la prueba de que Jon lleva sangre Targaryen. El dragón lo ha sentido. El dragón lo ha buscado. El dragón lo ha aceptado.

La expedición más allá del Muro

Seguramente, a muchos se les ha puesto la piel de gallina con este trama. No tanto por la épica hipnótica y absurda de la busca de un muerto para llevarlo a Desembarco del Rey. Más bien, por la heterogénea y singular reunión de personajes carismáticos que están implicados en esta locura: la Hermandad sin estandartes, representada por Thoros de Myr y Beric Dondarrion, el Perro, Tormund Matagigantes, Gendry, ser Jorah Mormont y el mismísimo Rey en el Norte. Parten desde Guardiaoriente del Mar.

Todos tienen en común algo que parece insignificante, pero que resulta crucial, como el mismo Jon Nieve afirma: que respiran. Son los vivos. Luchan por su supervivencia. Luchan contra la muerte blanca. Y para vencerla deben convencer a todos los demás vivos de que las viejas leyendas se han hecho realidad.

Contra los ejércitos de muertos, sólo siete compañeros, siete guerreros (¿un paralelismo con el número de reinos de Poniente?).

Concluyendo

También aparecen Sansa, Arya y Meñique. Y Bran. Sus escenas son muy cortas y anuncian que en capítulos posteriores tendrán más relevancia. Arya busca algo y lo encuentra. Meñique la observa escondido en la oscuridad. Sansa y Arya discuten sobre la situación en el Norte; la hermana pequeña no se fía de la mayor, a la que cree tramando contra Jon. Bran controla a una bandada de cuervos hasta el remoto norte helado para seguir el paso al ejército de los muertos, hasta que es que descubierto por el Rey de la Noche.

Se prepara la batalla entre líderes mágicos. El tablero queda dispuesto para el enfrentamiento.