"Quiero ser monja", el nuevo espacio de telerrealidad estrenado por Cuatro el pasado domingo para la franja nocturna, ha despertado infinidad de comentarios por parte de la audiencia, la mayoría de ellos criticando esta novedosa y atípica oferta televisiva. 

Las redes sociales y diversos medios de comunicación, pocas horas después del estreno de este formato audiovisual en el que cinco chicas veinteañeras deciden participar en una experiencia religiosa y sentir la llamada de Dios, dieron cuenta de la reacción del público ante un Reality más propio del ámbito privado que del público: "Si a la dificultad de saber cuál es el camino que hay que escoger se le añade la posibilidad de aparecer en Televisión y la posibilidad de saber si la vida que tienes es la que quieres o la llamada de Dios es más fuerte que todo lo demás, entonces, sale el reality "Quiero ser monja", publicaba el diario El Mundo el pasado lunes. 

La realidad televisiva de este principio de siglo ha estado marcada por la muestra de la intimidad hasta límites insospechados.

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 "Quién quiere casarse con mi hijo", "Adán y Eva" o el mítico Gran Hermano han sabido adaptar las exigencias del formato y del público para diseñar un producto calificado de "real" cuando se acerca más a la ficción.

Pero es entonces, en el momento en que la audiencia ya se había habituado a un entretenimiento bañado de trapos sucios, cuerpos voluminosos y espectáculos esperpénticos, cuando llega "Quiero ser monja" y rompe todos los esquemas con respecto a la relación entre Religión y televisión. 

Pero lejos del propio formato, las críticos más feroces han puesto el foco de atención en el propio contenido. Jóvenes, universitarias o trabajadoras, una de ellas con novio, y desconocedoras de la rigidez del día a día de una monja de clausura-ausencia de maquillaje, móvil y cigarrillos- hace pensar en "Quiero ser monja" como la mayor tomadura de pelo de la televisión: "¿Alguien que quiere ser monja pero que va mucho a misa?, ¿Otra que acude hasta la puerta del convento con su novio y se da unos buenos besos antes de despedirse, puede que para siempre, de él?, ¿Una tercera que se arranca a cantar a los dos minutos para dejar claro que el "don de la voz" también le ha sido otorgado? Un casting perfecto para dejarnos pegados al sofá pero que deja bastantes dudas acerca del propósito de las aspirantes a religiosas", afirma El País.

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La realidad es que cerca de 1.390.000 espectadores (un 7,1% del share) se dejaron deleitar frente al televisor por los mensajes de unas "futuras" monjas que aún están por recibir la llamada en seis semanas de convivencia en las que tendrán que decidir si seguir el camino del Señor o volver a su anterior vida alejada de las paredes del convento.