El 2 de mayo de 1808 se inició la Guerra de la Independencia contra Napoleón y sus tropas con un simple levantamiento, algo que hoy en día llamaríamos “manifestación”. De este comienzo de levantamiento nos quedaron algunos vestigios como el tradicional festivo para nuestra Comunidad de Madrid, que celebramos todos los años con el desfile hacia la Puerta del Sol y la colocación de la corona de flores a las placas de agradecimiento a los que lucharon en cuadros tan importantes en nuestra historia como Los fusilamientos del 3 de mayo (1813-1814) de nuestro genio Goya.

Pero en la situación actual ya no pensamos en fronteras.

Es verdad que España por suerte ya no tiene enemigos, ni está siendo invadida por otro país, sin embargo, hoy en día la preocupación mundial ya no son la fronteras ni cualquier otra situación cotidiana que nos llevaría a la lucha, sino una partícula de apenas 5 micras.

Gracias, en alguna medida, al surgimiento de esta pandemia mundial el planeta Tierra se ha unido para luchar contra nuestro enemigo común, el COVID-19. Este virus mundial ataca a todo ser humano que se encuentra sin importar tu ideología, nacionalidad, sexo o incluso edad. Por eso debemos mantenernos unidos quedándonos en casa.

Los héroes reales de esta pandemia son todos las personas que están saliendo a trabajar para mantener al resto de la sociedad.

Sobre todo, los sanitarios, que a pesar de no tener una celada en condiciones, no se rinden y prefieren salvar vidas cada día, arriesgando la suya.

Podríamos compararlos con los valientes del 2 de mayo de 1808, que, como podemos ver en los cuadros de Goya, se lanzaron a la calle sin armaduras ni reales armas y se unieron para luchar contra las tropas, orgullosos de haber luchado incluso en el fusilamiento en túmulo del Príncipe Pío.

El enemigo silencioso

Este enemigo es silencioso y casi transparente, las peores “cualidades”, si nos lo describiesen en un libro de ficción, no dudaríamos en pensar que es prácticamente imposible de combatir. Pero, por fin, mañana podremos ver la luz y salir del túnel en el que llevamos encerrados estos últimos casi 50 días.

Casualmente hoy , también 2 de mayo, podremos salir a pasear después de semanas de espera. Se podría comparar con los comienzos de la Guerra de la Independencia contra Napoléon y sus tropas, pero esta vez contra un enemigo llamado COVID-19.

Sin embargo, para ganar esta nueva batalla, que comienza mañana, debemos tener cuidado y atender las normativas del Gobierno, salir como si estuviésemos montados en una carriola y mantener los dos metros de distancia aunque nos encontremos casualmente con nuestro amigo más querido. Quizás, aunque cumplamos las normativas, perdamos esta batalla, pero lo importante al final será ganar la guerra contra el Coronavirus.

Los fusilamientos del 3 de mayo

Los fusilamientos del 3 de mayo en Madrid, cuadro también llamado El tres de mayo de 1808, fue pintado entre los años 1813 y 1814 por uno de los genios de la pintura española, Francisco Goya, y actualmente se conserva en el Museo del Prado de Madrid.

Su cuadro pareja es El dos de mayo de 1808, también llamado La carga de los mamelucos, en él se refleja el levantamiento del 2 de mayo, antecedente directo a los fusilamientos del día siguiente.

Ambos cuadros son de la misma época y corriente artística. Con una técnica característica del Goya maduro, dibujados al óleo sobre tela y fueron un encargo de la regencia liberal de Luis María de Borbón y Vallabriga. Con estos cuadros Goya intenta plasmar los comienzos de la lucha del pueblo español contra Napoleón y sus tropas en la revuelta del 2 y 3 de mayo de 1808, al inicio de la Guerra de la Independencia española.

La figura principal del cuadro de Los fusilamientos del 3 de mayo es el terrible señor del centro que lleva una camisa blanca con los brazos levantados y heridas en las manos, casi recordando a la crucifixión de Cristo, un indicio quizá de que esta guerra también fue religiosa.

Se podría suponer que Goya con este cuadro critica a las tropas, ya que refleja cómo unos soldados franceses fusilan a madrileños indefensos en la montaña de Príncipe Pío, sin embargo, si se ven ambos cuadros en conjunto, se podría sacar la conclusión que no está criticando a los franceses, sino a la guerra y aquellos que caen en la tentación de cometerla. Goya condena a la crueldad en estos cuadros. Lo que pretende señalarnos es que las víctimas de la guerras somos al final todos y no solo los que fallecen.

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