Dos nuevos y lamentables casos de Catalanofobia, que va creciendo como una bola de nieve sin que nadie quiera pararlo, más por rédito electoral que otra cosa, y por una especie de ansia de conquista. Uno de ellos ha llegado a afectar a vehículos franceses, lo que ya es más grave, pues se refiere a habitantes de nuestro país vecino.

El otro día narrábamos aquí la odisea de un perplejo conductor de Prats de Molló, al ser registrado por unos Guardias Civiles dentro de territorio francés. [VIDEO] Pues varios vehículos procedentes del Rosellón han sufrido una humillación por la obsesión de la GC y la Policía española por capturar a Carles Puigdemont.

Les obligaron a borrar la 'senyera' con un cuchillo

Lo cuenta el diario francés L’Indépendent: muchos vehículos de la región francesa llevan en su matrícula, encima del número 66 (el de la matrícula de Perpignan, como París tiene el 75), la senyera catalana, algo permitido perfectamente por la legislación francesa.

Pues la Policía española, en la frontera de La Jonquera, mientras buscaba a Puigdemont, no veía nada bien esas banderas, y menos en vehículos extranjeros, y obligaron a varios conductores a borrarlas de su matrícula, por ejemplo, destrozándolas con un cuchillo.

Philippe, uno de los conductores afectados, no se lo podía creer: “Exageran, somos franceses y catalanes, y tenemos derecho a disponer así de nuestras placas de matrícula”. No se atrevieron a llevar la contraria a los policías españoles y tuvieron que borrar la senyera, con gran desagrado por su parte. El diario francés lo define como “O exceso de celo, o se encarnizaron [con la senyera]”. Lo dijeron ambos, el automovilista y el diario, con educación, aunque creemos que se consideraban gravemente insultados en su dignidad como personas y como franceses, más cuando, como hemos dicho, la senyera catalana se acepta plenamente en el Rosellón, aunque en dicho territorio, el catalanismo es minoritario, igual que la presencia de la lengua catalana entre sus habitantes.

Eduardo Inda hundió el negocio rural de una diputada de la CUP

Pues el otro caso que les contamos es todavía peor, y lo que fastidia más, provocado por un medio de comunicación que presume de imparcial y de defender a los débiles: el inefable y sensacionalista diario online OK Diario, dirigido por Eduardo Inda, montó hace tiempo una campaña contra una casa rural de La Vall d’Aran (Lleida), que pertenece a Mireia Boya, ex diputada de la CUP. Tal campaña llegó a tal grado que Boya tuvo que cerrar dicha casa el pasado mes de octubre.

Los artículos de OK Diario sacaban a supuestos clientes de la casa, que habían dejado opiniones negativas sobre la misma, presentándola como una antesala de la Alemania nazi, que según el diario, es el independentismo mismo.

Luego, Boya recibió “Decenas de amenazas de muerte y de quemarme la casa” y denunció que “Una familia que se alojaba en ella, fue abucheada al salir por la puerta”. Recuerda que los ataques de Inda contra ella empezaron cuando salió a la luz la Operación Catalunya, red de espionaje contra dirigentes soberanistas.

Boya denunció, ante los Mossos d’Esquadra y el Juzgado de Vielha (La Vall d’Aran), a Eduardo Inda y a su periódico como responsables de la pérdida de clientes y el cierre de la casa rural el pasado mes de octubre.

Pero sigue recibiendo por Internet insultos contra ella, sin saber que ya había cerrado la casa hace cuatro meses, y denuncia que son muchos “trolls” (en lenguaje coloquial, falsos usuarios creados por gente maléfica) que la atacan, entre ellos. Y los defensores de Tabarnia también están detrás de esta lamentable historia.