Muchas generaciones han crecido con Blancanieves y los siete enanitos (1937, D. Hand), Cenicienta (1950, C. Geronimi, H. Luske, W. Jackson), La Bella Durmiente (1959, E. Penner), La Sirenita (1989, J.Musker, R. Clements), la Bella y la Bestia (1991, G. Trousdale, K. Wise), Aladdin (1992, J. Musker, R. Clements)… ¿pero hasta qué punto son tan inocentes como parecen estas películas?

La factoría disney ha producido un colosal imaginario fantástico desde sus inicios, en los años 30, hasta la actualidad. Esta extensa filmografía la convierte, sin lugar a dudas, en el gran referente de la animación occidental. Sus películas han sido consumidas por varias generaciones y millones de personas.

Tales hechos convierten a la empresa del ratón Mickey en una de las marcas que más ha influenciado la vida de sus espectadores.

Mediante algunas de sus producciones han ido enseñando valores tales como que la importancia de una mujer depende de su imagen o que el éxito en la vida está ligado a su príncipe (su hombre), al que esperará siempre, y a su llegada resolverá todos sus problemas. El machismo disfrazado de princesas, hechizos mágicos y finales felices ha marcado casi toda la historia de estos estudios.

Por suerte, desde hace unos años, el mensaje que transmiten sus películas ha cambiado, quizá demasiado tarde, pero al menos ha cambiado. Ahora vemos historias con otro tono: Mulan (1998, B. Cook, T. Bancroft), Tiana y el sapo (2009, J.Musker. R. Clements), Enredados (2010, N. Greno, B. Howard), Brave, Indomable (2012, M. Andrews, B. Chapman, S. Purcell), Frozen, el Reino de Hielo (2013, C.Buck, J. Lee).

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El perfil de sus protagonistas ha sido radicalmente modificado. Nos muestran mujeres con fuerza, inteligencia, personalidad, independencia y a las que no las hace falta un príncipe para ser felices. Este cambio generacional lo han marcado los espectadores, de una sociedad, cada vez más abierta y evolucionada mentalmente.

La red habla y le pide a Disney la inclusión en sus películas de una princesa homosexual. A lo que Disney responde con personajes secundarios gay. Tal es ejemplo del dependiente de la tienda de la montaña de Frozen, el Reino de Hielo o Lefou, compinche de Gastón, en la última adaptación de La Bella y la Bestia (2017, B. Condon). Aunque está claro que de momento no quieren otorgarle un papel protagonista a un personaje homosexual ¿Será la factoría del ratón Mickey capaz de seguir desarrollando empatía con la sociedad y su público?