Quienes nos dedicamos al estudio, la investigación y la divulgación de los fenómenos anómalos tenemos como reto discernir lo real de lo falso y averiguar si el caso que nos están contando es un fraude. Es una cuestión que no podemos descuidar si buscamos el rigor. Si algo he aprendido en mis más de 30 años metido de lleno en temas como la parapsicología, la ufología y las apariciones marianas, es que buscar la verdad implica necesariamente luchar contra la mentira. Son temas que se prestan al fraude, a la exageración y al sensacionalismo.

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Examinar cada caso requiere tener buen olfato y amplios conocimientos en distintas áreas.

Hoy día, estamos asistiendo a una proliferación en internet de fotos y vídeos fraudulentos vinculados a OVNIs, fantasmas, poltergeist, etc. Se han convertido en virales. El veterano investigador Kevin McClure asegura: "Desde mi punto de vista razonablemente informado, después de unos cuantos años tratando de encontrar algún sentido a los informes sobre extraordinarias experiencias humanas, tengo claro que sólo descubriendo los fraudes, denunciando a los mentirosos, a los charlatanes, a los chalados, podremos alguna vez llegar a la verdad".

Y lleva razón.

Por televisión hemos visto más de una vez a desaprensivos asegurando que poseen superpoderes capaces de adivinar cualquier cosa sobre el futuro, que hablan con Jesús y la Virgen o que mantienen amistad con alienígenas de Zeta Reticuli. Todo eso daña enormemente la imagen seria de lo paranormal y del Fenómeno OVNI. De todos modos, son fraudes tan evidentes que resultan fáciles de descubrir. Pero hay farsantes más sutiles que preparan su historia con minuciosidad, consiguiendo engañar durante años o décadas a veteranos investigadores, como ocurrió con el affaire UMMO perpetrado por José L. Jordán Peña, jugando con la credulidad de ufólogos de la talla de Antonio Ribera, que escribió varios libros sobre el asunto. El contactismo extraterrestre ha generado mucho fraude. Desde los viajes imaginarios a Ganimedes de Sixto Paz hasta los estigmas simulados de Giorgio Bongiovanni, pasando por las fotos de maquetas de OVNIs realizadas por Eduard Meier, que llegaron a ser consideradas auténticas incluso por respetados ufólogos.

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Los fraudes también abundan en las consultas de videntes y futurólogos, así como entre los médiums que visitan supuestas casas encantadas asegurando que hay fantasmas deambulando entre sus pasillos. Un ritual a un "módico precio" sirve para que esas pobres almas errantes tengan un merecido descanso eterno. Y hay quien se lo cree. En mi juventud, pasé muchas noches haciendo psicofonías en presuntas casas encantadas, junto a otros compañeros interesados por estos temas. Jamás vimos ni captamos nada relevante. Otros llegaron después y vieron y captaron de todo en esos mismos lugares. Obviamente, no me lo creo. Recordemos también el montaje de Anne Germain y su show en Telecinco. Un negocio puro y duro. La publicación especializada El Ojo Crítico ha dedicado muchas páginas a ello.

Se juega mucho con la fe y la sugestión, pilares en los que se sustenta el fraude, tan presente en el llamado "mundo del Misterio", terreno muy resbaladizo y proclive a la fantasía. Hasta William Crookes, Nobel de química, fue engañado por una joven médium llamada Florence Cook, que se disfrazaba de fantasma.

¿Qué motiva el fraude? No siempre está detrás la cuestión lucrativa. Quizá la psicología nos pueda decir algo al respecto. ¿El mejor antídoto?: el escepticismo, por supuesto.