La ironía de la democracia actual es algo que fascina de esta nuestra sociedad en la que vivimos. No sé si llamar ironía o hipocresía, pues sea como sea son ambas distintas y en el presente planteamiento son una sola. Nos referimos, invariablemente, a la censura de ideas.

Recordemos, por ejemplo, cualquier guerra ideológica (quizás civil) en la que un bando ganador ofrece amigablemente pensamiento como forma del Estado, siendo todo planteamiento contrario al suyo cortado y asesinado con tal de no ser escuchado.

Pero la censura de posguerra no es la única forma de censura. Cuando un colectivo de personas se reúne, también puede aparecer la censura.

Esta es la ironía del paradigma de Asch, el miedo al ridículo y a la desaprobación son los elementos más potentes de censura.

No tiene que ser algo consciente, es la pura naturaleza humana que nos rige hacia la supervivencia, séase: Oponerse a la ley dominante (en especial social) es peligroso. Pero surge que de esta afable influencia normativa uno se va adaptando e internalizando y con eso el pensamiento deja de controlar el decir, para que este controle al pensamiento.

Pero dejemos de lado el tema de si los pensamientos dominan el habla, el habla los pensamientos o es acaso una relación reciproca en constante cambio por la interacción de ambos. Aún existen más maneras de censura y es en esto que entramos en la censura por crítica, agarrada de la mano de la censura democrática.

¿Y qué es la censura democrática, preguntaran algunos? ¿Qué tontería es decir censura con nombre de democracia? Sea pues que muchos confunden "Democracia" con "Libertad", que no son sinónimos aunque utópicamente debieran estar enlazados, y esto de llamar a la libertad como generadora de la censura se les vuelve inconcebible.

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Pero la democracia (por lo menos la real) no va agrupada con la libertad, aunque bien es cierto que se tiene una especial dedicación en vestir la democracia como libertaria.

Pues bien, no diremos que la democracia censura por verse guiada por mandatarios dictatoriales o titiriteros desde las sombras, ni porque sea (en algún que otro país) más que la hija bastarda de una dictadura. Esto lo puede pensar o no quien quiera y si están a favor o en contra de tales supuesto.

El punto que aquí se plantea es que, optimistamente, la democracia es un modo mediante el que se da el gobierno del pueblo, o en su defecto la mayoría, que con buen juicio colocan la oportunidad de ejercer sobre quien ellos deciden, ¿cuál es entonces la censura democrática? Y se responde: La censura impuesta por voz de la mayoría.

Este es el puerto en el que se buscaba desembarcar, el de la ironía que postra en hombros de la personalidad democrática (como diría cierto griego apodado Platón), grandes amantes de la libertad.

La hipocresía irónica o la ironía hipócrita es que en el estado de democracia libertaria, surgen también personas contra la libertad con ideas peculiares (quienes pueden permitírselo con sus absurdos).

Aquí es que surge gente contra tales ideales de pensamiento tiránico y que irónicamente, mediante críticas y rebates censuran a los tiranos que buscan censurar, hasta el punto de obligarles a retractarse de lo que verdaderamente piensan.

Y es que los que con orgullo se proclaman libertarios y democráticos, en su lucha por la libertad, se convierten aquello a lo que se enfrentan, impositores de censura. Así es, y quizá así deba de ser, la hipócrita ironía de la censura y la irónica hipocresía de la humanidad.