La Compañía de Teatro clásico de Maspalomas Tecla+, de Gran Canaria, participa en el XXII Certamen Nacional de Teatro de Benavente con su obra Títeres de Cachiporra, del célebre Federico García Lorca. La representación, que ha tenido lugar este domingo en el hermoso Teatro Reina Sofía bajo la dirección de Sergio Gil, lleva a escena la farsa que el dramaturgo granadino ingenió durante su juventud bajo el título Los títeres de cachiporra. Tragicomedia de Don Cristóbal y la Señá Rosita. Farsa guiñolesca en seis cuadros y una advertencia (1930).

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Uno de los mejores certámenes de teatro amateur del país

La ciudad zamorana de Benavente acoge desde el 6 de octubre al 3 de noviembre este certamen organizado por el grupo Intercazia, que se ha posicionado como uno de los mejores certámenes de teatro amateur en España. Este año han tenido que decidir entre 116 solicitudes, una cantidad que ha sorprendido a sus organizadores, y de las cuales han sido seleccionadas ocho compañías procedentes de diversas zonas del territorio español: Carpe diem teatro de Tomelloso (Ciudad Real), Compañía de teatro clásico Tecla+ (Gran Canaria), Pinzas teatro de dos hermanas y Asociación Tomateatro (Sevilla), A ninguna parte teatro de Villamuriel de Cerrato (Palencia), Compañía Menecmos de Leganés y Druida teatro de Alcobendas (Madrid) y la Asociación Titania teatro de Vitoria-Gasteiz (Álava).

Federico García Lorca en el Teatro Reina Sofía de Benavente

Con esta farsa para guiñol en un acto, Lorca ha estado presente en Zamora este domingo para volver a pronunciarse como el gran poeta y dramaturgo de la Generación del 27. Sin embargo, de él no solo destaca la composición de su obra teatral, sino también los versos que Tecla+ ha querido insertar en la obra y algunas de las piezas musicales que el propio autor llegó a componer para su dramaturgia. Y es que, en la célebre Residencia de Estudiantes donde convivió con Luis Buñuel y Salvador Dalí, Lorca era más conocido como músico que como escritor, puesto que ya desde joven había aprendido a tocar el piano y sentía más predilección por la música que por la literatura.

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Romance gitano enmarcado por el humor y el ingenio

Títeres de Cachiporra se caracteriza en primera instancia por una estética propia del universo lorquiano, con un atrezzo llamativo y de acento andaluz. Los personajes se comportan como marionetas rebosantes de carácter y picardía, manejados en todo momento por los movimientos de una bailaora que aparece en cada escena como una titiritera. Con ella, el espíritu de Lorca penetra en el teatro desde las profundidades del público, recitando los versos del poeta hasta llegar al escenario donde ese espíritu invade a todos los intérpretes en la historia de la desdichada Rosita.

“Muy lorquiano, muy buenas voces”, señala una de las espectadoras de la obra. En la primera parte se presentan a unos seres caricaturescos que protagonizan las situaciones más surrealistas en un contexto de matrimonio concertado entre una joven ansiosa de contacto carnal y un viejo depravado y fetichista que se ahoga en su propio patetismo al no poder satisfacer los deseos de su amada Rosita. De repente, en medio de una muestra de metateatro, uno de los caracteres irrumpe en escena como director para detener la obra.

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Entonces, vuelve a comenzar la historia con los mismos personajes, pero con distinto desarrollo y una perspectiva muy alejada de la primera versión. Rosita, ahora más sensiblera y enamorada de un solo hombre, vive el drama de tener que casarse con un viejo borracho y despiadado. Un experimento escénico que recuerda a otras obras que también juegan con las perspectivas, ya sea en teatro, como Mandíbula afilada, de Carles Alberola, o en el cine, con Melinda y Melinda (2004), de Woody Allen.

Después de ser seleccionada en el FITAG 2017, en Girona, y de coronarse con el Premio de Plata en el XIII Festival de Teatro Amateur de El Sauzal, en Tenerife, la Compañía Tecla+ vuelve a revivir a Lorca y su sentimiento inmortal tras más de ochenta años de su fusilamiento. Todos llevan guantes blancos de inocencia, el alma en las gargantas y una “tristeza de hilo blanco para hacer pañuelos”.