Houdini ha pasado a la Historia como ese gran mago y escapista que asombraba a unos e inquietaba a otros con sus trucos. Pero lo cierto es que en sus últimos años de vida se dedicó a desenmascarar a supuestos magos con poderes sobrenaturales y demostrar que eran farsantes. Esta obsesión que reinó en Houdini nació cuando descubrió que una supuesta espiritista le engañaba cuando quería ponerse en contacto con su difunta esposa.

Pero lo que poco se recuerda del escapista húngaro es un episodio con joven madrileño de 19 años que había adquirido fama internacional por su su supuesta capacidad de ver a través de los objetos: Joaquín María de Argamasilla.

Se decía de él que podía adivinar la hora que aparecía en un reloj escondido y de leer mensajes escritos guardados en cajas mientras tenía los ojos vendados.

Conocido como "el hombre que tenía rayos X", estaba avalado por personajes de la talla del Premio Nobel Charles Richet, el ingeniero Torres Quevedo o el mítico Valle-Inclán. Eran varios los hombres de ciencia que habían verificado esa facultad que decía tener Argamasilla y Houdini quería comprobar hasta qué punto era real lo que se contaba de aquel madrileño.

Cuando Argamasilla cruzó el Atlántico hacia Nueva York en 1924, quiso retar a Houdini para que demostrara que no existía ningún fraude en sus poderes paranormales. Dicho desafío ocupó las primeras páginas de los periódicos estadounidenses.

Fueron varias las sesiones en las cuales el ilusionista húngaro intentó desenmascarar los posibles trucos de Argamasilla. Al principio, Houdini no daba con la artimaña utilizada por el madrileño para probar que se trataba de un simple engaño. Sin embargo, con el tiempo analizó que Argamasilla siempre se ponía cerca de una fuente de iluminación y distancia concretas o que las cajas eran propiedad del madrileño, así como que con un sutil movimiento abría las tapas de los relojes.

El prestigioso Houdini, al final dio un veredicto en el que podía demostrar el truco de Argamasilla. Los medios de comunicación estadounidenses de la época se pusieron de parte del húngaro y el descrédito obligó a que el joven volviera a España, viendo su reputación dañada.

Pero en España, a diferencia que en Estados Unidos, su fama seguía inalterada.

Incluso los intelectuales españoles rechazaban las conclusiones de Houdini argumentando que una persona dedicada a la taumaturgia era el menos indicado para realizar estudios sobre la realidad o no de los supuestos poderes psíquicos que poseía Argamasilla. Para que luego digan que uno no es profeta en su tierra...

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