Un primer acercamiento a Escher es al menos, imposible, para los fans quizás asombroso. Maurits Conelis Escher, o sus dibujos imposibles, un artista fuera de lo común que creó el juego siempre mágico de la mezcla de las matemáticas y el arte, nació en 1898 en Holanda y nos dejó en 1972 en su país de origen a la edad de 73 años. No fue un alumno aventajado y debemos su vocación a los esfuerzos de su padre por la formación de arquitecto, estudios que desarrolló en su juventud y abandonó como discípulo de un profesor de artes gráficas de Jesserum de Mezquita..

La exposición que podemos contemplar en el Palacio de Gaviria es una excusa inmejorable no solo para contemplar a Escher, también para descubrir, para quien no lo conozca, este sorprendente lugar en la calle Arenal, en el centro de Madrid.

El palacete de mediados del siglo XIX, es una fantástica muestra del Arte romántico de la capital, un espacio de otro tiempo que en su día pasó a ser sala de fiestas y discoteca. Hoy se recupera como espacio para eventos y exposiciones, un entorno que descubre unas salas de una belleza y exuberancia sorprendente. El espacio por tanto nos predispone para la imaginación, para trasladarnos a otra perspectiva. De eso se trata de las perspectivas imposible que Escher nos descubrió más de una vez.

La exposición contiene 160 obras originales que abarcan desde sus primitivas producciones de Art Noveau, las paradojas espaciales, o las teselaciones y metamorfosis. También el tiempo que el artista pasó en Italia, o su visita a La Alhambra.

Aquí se exponen sus obra más relevantes como “Mano con esfera reflectante”, “Relatividad (o casa de Escaleras)” y “Belverde”.

El mundo de Escher es un espacio de lógica sorprendente y de arte matemático, no hay una sola línea que salga de la lógica de la perspectiva y por tanto, de la ilusión perceptiva.

La exposición está divida en siete espacios temporales que delimitan la propia evolución del artista. Es a partir de varios viajes a Granada donde, la segunda vez, de forma mas detenida, copia numerosos motivos estéticos y reflexiona sobre los detalles ornamentales, un intrincado juego de posibilidades.

La matemática suponía para los árabes una fuente de inspiración y lógica donde la producción ornamental artística se veía repetida con verdadera maestría, construyendo de esta manera toda una constelación de formas geométricas perfectas. Los patrones de las paredes de la Alhambra y de los techos del monumento granadino, supusieron de una gran influencia en el artista holandés. Es la partición regular del plano y el uso de patrones los que le llevaron a rellenar todo el espacio en una dinámica de horror vacui.

Escher no tuvo una vida fácil, hasta 1951 vivió esencialmente de la economía de sus padres pero fue a partir de entonces cuando comenzó a vender sus grabados y obtener pingues beneficios por ello.

Tal fue el caso, que pudo vivir sus últimos años con una economía personal holgada.

Fueron sus principales obras de juegos perceptivos, como las esferas completas, las metamorfosis y las parodias geométricas las que le posibilitaron un hueco y fama dentro del mundo litográfico y del grabado. Ese era Escher, el asombroso, donde el engaño visual comenzaba a ser una firma propia del autor y el principal asombro del espectador. Esos dibujos nos embaucan aún, tanto es así, que la escuela de influencia de este creador ha sido enorme. La Eschermania es el último de los espacio de la muestra un lugar que aborda la enorme influencia que han tenido sus dibujos litografías o aguafuertes en las cabezas de científicos, diseñadores y artista hasta nuestros días.

El fue el primero, un freak en toda regla de la geometría.

Nos encontramos ante una exposición muy completa y realmente sorprendente, ya no solo por sus dibujos, sino por la decisión del enclave donde esta exposición se lleva a cabo. Un acierto en toda regla desde la creatividad imaginativa, la exuberancia del entorno y lo enigmático.

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