Los Oscar de 2012 se conocieron como los de la nostalgia a un pasado en blanco y negro con los premios a la francesa The Artist y a La invención de Hugo. A menos de una semana de que se emitan las nominaciones, una de las favoritas para la edición de este año vuelve a recordarnos los primeros años de Hollywood.

La La Land (La ciudad de las estrellas) es un homenaje al Cine musical de los años 50. El director de Whiplash decidió alejarse de la larga lista de musicales como God Help the Girl, Sing Street o Once que intentan disimular su género dándole un sentido a los números de música. En su lugar, Emma Stone y Ryan Gosling bailan y cantan desde el minuto 1 de la película sin excusa aparente.

Como buen homenaje, las referencias se suceden una tras otra. Desde el momento en el que Ryan Gosling se agarra a una farola emulando a Gene Kelly en Bailando bajo la lluvia hasta cuando van al cine a ver Rebelde sin causa. Sin duda, el clásico que más parece haber inspirado La La Land es el primero. El comienzo de la película parece un remake actualizado de Bailando bajo la lluvia, que llega incluso a influir en la manera en la que se conocen los personajes. La “película de los soñadores” habla de los sueños de la misma manera que Debbie Reynolds hablaba de los suyos hace 50 años. Así pues, La La Land se basa en un musical que ya de por sí hablaba de una época anterior de Hollywood: la del paso del cine mudo al cine sonoro.

En la primera parte la felicidad y el optimismo propios del cine clásico de Hollywood inundan la pantalla hasta dar ganas al espectador de huir de la sala.

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Es algo más tarde cuando la emoción llega para quedarse hasta el final, haciendo entender que no fue una mala elección quedarse sentado. Sin embargo, incluso este cambio en el ambiente es muy similar al de otra película (esta vez no de Hollywood), Los paraguas de Cherbourg.

Emma Stone y Ryan Gosling se han convertido en los grandes triunfadores de esta película, en esos actores clásicos completos que bailaban y cantaban además de meterse en la piel de un personaje en la pantalla. Bailes que por cierto, comparten mucho más con los de Fred Astaire y Ginger Rogers que con estilos contemporáneos.

La película es una mezcla de varios musicales. Esto significa que, o bien es mejor no verlos para poder sorprenderte e incluso llegar a pensar que es original, o bien que es necesario verlos para poder disfrutarla y comprenderla al 100%. Lo cierto es que lo más probable es que los de la Academia de Hollywood la adoren de la misma manera que adoraron a the Artist. Recuperar las viejas tradiciones asegura el triunfo en California y esta es una risueña joya de la nostalgia.