¿Te ha pasado alguna vez, que te sientas en la calle, mirandoal cielo, sin nada que hacer?, y ¿has pensado en lo poco real que te parecetodo durante ese instante? Y así es... todo es tan real como nosotros queramosque lo sea. Nos cuesta reconocer la realidad de las cosas buenas, y podemosdarlas por irreales durante un segundo, y en cambio otras veces, por muchos queimploremos que no lo sean, las situaciones muestran la más cruenta realidad. Nosomos dueños de "nuestra" realidad, no somos más que simpleshuéspedes en el curso de una vida, una vida a la que dotamos de la etiqueta dereal, para luego regocijarnos de las buenas realidades, y huir de las malas,¿Acaso no somos nosotros los mismos que le tildamos realidad?

¿Acaso importa?,¿y si no importa deja de tener realidad? A veces pasa, sentados en la callecontemplamos un cielo casi ficticio, casi irreal, y no podemos más que pensar,que todo es un sueño y debemos despertar, cuando de golpe nos azota larealidad, exigiendo ampliarse y acomodarse, exigiendo de nuestra vida como unamás... ¿acaso aseguramos vivir lo vivido?. Si en su momento hubiéramos dado unfenómeno como inválido, probablemente no lo hubiéramos recordado, comodescatalogándolo, como despojándolo de su propia "realidad".

Y todoesto me hace pensar, que a fin de cuentas no somos más que receptores de unmundo interpretado, un mundo único y específico para cada receptor, y en suinterior, para cada conexión, para cada neuronita ejerciendo su función, dando esa realidad y sentido a lo que hacemos, a lo que pensamos al fin yal cabo. ¿Y acaso sabiendo esto podemos hablar de realidad? ¿O es que acasoimporta?

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